Soziedad Alkoholika tenía previsto tocar hoy en Madrid y la autoridad prepotente lo ha prohibido. Riesgo de altercados, dice. Eso significa que si usted patiperrea por Chamberí y alguien amenaza con romperle la cara, lo correcto es suspender su paseo. El problema es usted y sus provocadoras ganas de andurriar. El Ayuntamiento oculta que el desafuero viene de nuevo motivado por la protesta de la AVT, que tras perder varias veces la razón en los tribunales la sigue ganando entre los censores.

Es muy rara esa democracia en la que un juez absuelve a un grupo y un político lo condena. Es muy extraño ese liberalismo de quien, además de negar el espacio público al prójimo, pretende arrebatarle el privado. Y es muy peculiar esa intelectualidad que en gran parte calla ante cualquier tijeretazo impuesto por ciertas víctimas del terrorismo. Quizás sea el miedo a manifestar una opinión poco rentable o, mucho peor, una muy cómoda renuncia al deber de pensar. Je suis ciego o mudo. En ningún libro de estilo se aconseja que el indudable dolor ajeno castre las neuronas propias o las silencie.

Según el informe inquisitorial las canciones de SA contienen “excesos verbales, hirientes y desafortunados”. Salvador Sostres ha reiterado esta semana su admiración por Pinochet: “He pedido a mis amigos que por mi cumpleaños me regalen sus gafas de sol. Te recuerdo, Augusto, la economía revitalizada”. He ahí un comedido, calmante y oportuno escupitajo al cadáver de Víctor Jara, quien por lo visto no es víctima. Es la arbitrariedad de un país donde la libertad de expresión es a menudo libertad de excreción y, si al poder le apetece, mera libertad de excepción.