Convertir la Universidad de Navarra en un laboratorio de longevidad. Es el proyecto que están desarrollando 87 estudiantes de 2º y 3º de Diseño para buscar soluciones a los principales retos del cuidado de personas mayores en cinco centros de la Comarca de Pamplona: AFAN (Asociación de Familiares de personas con Alzhéimer y otras demencias de Navarra), Solera Asistencial, Bidealde, Amavir y la residencia geriátrica de la Clínica Universidad de Navarra.

Álvaro Velasco Pérez, María Fernández-Vigil y Javier Antón Sancho son los profesores que han impulsado este proyecto vertical, que cuenta también con Fabrizio Pierandrei, del Politécnico de Milán, como docente invitado. El trabajo es una introducción a la disciplina del diseño de servicios, que planifica, organiza y estructura los recursos y procesos de una organización para crear experiencias óptimas y eficientes para los usuarios (clientes y empleados) a lo largo de todo el ciclo de vida de un servicio, integrando aspectos físicos, digitales y humanos.

“Se trata de un proyecto de innovación social para cuidar a personas mayores en distintos contextos en Pamplona”, explican los docentes. “La disciplina del diseño de servicios se tiene que aprender en contextos reales. Para ello, el alumnado ha hecho mucho trabajo de campo junto a las cinco instituciones. Queríamos integrar la voz de los usuarios en el trabajo de diseño”. 

Además, consideran que, en el cuidado de personas mayores, muchas prestaciones están obsoletas. “La gente que está utilizando ahora esos servicios es muy distinta a la que había hace cinco o diez años y es necesario adaptarse a los retos actuales. En este proyecto, en lugar de ser reactivos, buscamos imaginar el futuro y prepararnos de una forma deseable”. 

“Nuestra idea es hacer diseño para el impacto. En el siglo XX, la gente se pensaba que el diseño era elaborar cosas bonitas, mientras que en el siglo XXI se ha visto que el diseño tiene muchas herramientas para mejorar contextos muy distintos. Por ejemplo, el diseño sirve para visualizar aspectos que de otro modo sería muy difícil y darlas a entender”.

Conocer la realidad del Alzhéimer

Uno de los ocho grupos de trabajo elabora el proyecto junto a AFAN y en él participa Carmen San Julián, estudiante de Diseño de 2º de carrera. “Desde la asociación, nos dijeron que querían trabajar en los casos de pacientes incipientes de alzhéimer u otro tipo de demencias que acuden al centro pidiendo ayuda. Están viendo cómo gestionarlo y les estamos tratando de echar una mano. Fuimos a la asociación, hicimos entrevistas y vimos todas las partes. Ahora, estamos haciendo una taller colaborativo con diferentes personas de AFAN: pacientes, cuidadoras y una psicóloga. Queremos ver su punto de vista y compartir experiencias. Nos hemos dado cuenta de la visibilidad que necesitan el alzhéimer y otras demencias en Navarra”.

Alba Mozón es psicóloga sanitaria de AFAN y asegura que el trabajo es muy interesante. “El año pasado ya colaboramos con esta carrera y todo lo que sea dar visibilidad y mejorar en servicios nos parece estupendo. En este taller, estamos una profesional, una persona afectada y una trabajadora que cuidó a una persona con demencia. Están haciendo dinámicas para ver cada una su realidad. Este proyecto nos va a ayudar a tener información y a ver nuevas vías para el futuro”.

Del Centro de Día a la atención en casa

Nahia Fernández, de 3º de Diseño en mención de Servicios, se encuentra en el grupo de Solera Asistencial, en el que se analiza la transición entre el Centro de Día y la atención domiciliaria. “Es un proyecto muy enriquecedor para todos. Vemos cómo cambia la rutina de estas personas y en qué podemos ayudarles en su día a día”, señala la alumna.

“Ahora, les estamos mostrando una historia sacada de diferentes perfiles y les preguntamos qué emociones surgen en cada momento. Después, les vamos a plantear qué significa para ellos estar en casa y cómo podemos reproducir ese sentimiento de hogar. Por ejemplo, se pueden implementar las nuevas tecnologías o la IA, aunque nosotros creemos que siempre hay que darle un toque humano”.

Patricia Gutiérrez, directora de Bidealde, hace un balance muy positivo del proyecto. “Ya habíamos colaborado con la Escuela de Arquitectura en años anteriores. Este año, el trabajo va a acompañar a las familias, a las trabajadoras y al residente en el cambio de unidad. Cuando la persona ya va poco a poco deteriorándose a nivel físico o cognitivo, tiene que ir bajando de unidad. Ese proceso suele ser bastante duro para el residente y para la familia. Los estudiantes nos van a ayudar desde el diseño de servicios a crear un protocolo y a crear esos mecanismos para que la calidad del servicio sea mucho mayor. El año pasado, hicieron un Trabajo de Fin de Grado que nos sirvió. Toda la parte exterior de Bidealde es un jardín intergeneracional que se creó desde el grado de Arquitectura de la UN. Todo esto nos ayuda mucho”, concluye. l