de modélico, nada. El Club Atlético Osasuna, un icono de nobleza y honradez -estereotipo de virtudes navarras-, partícipe del estercolero del fútbol profesional. Una lástima. Una vergüenza. Triste y deplorable. Decepcionante. Podredumbre infecciosa en el ombligo foral. Un club deportivo gestionado con los peores vicios de una sociedad anónima, con implicación cómplice y consciente de presidentes, directivos, cuadros técnicos y auxiliares, futbolistas, agentes, trabajadores, políticos y periodistas. ¿A qué salud se refiere el nombre de la entidad? La deportiva, variable según temporadas; la institucional, largamente aquejada de tumores malignos y de dolencias degenerativas. Cuánta miseria envuelta en el celofán de una supuesta ejemplaridad histórica. Osasuna está de pleno derecho en la liga de los tramposos y de los corruptos, aunque también en ella ocupe los puestos bajos de la tabla dentro de una inmoralidad extendida y consentida. Juego sucio en la poltrona presidencial, en los despachos, en el césped, con muchos nombres en la alineación judicial de imputados. ¿Qué cara se les queda a la ciudadanía y a la afición en sus distintas gradaciones de intensidad y pasión? La burla a su entrega ha sido bochornosa. Dinero particular pagado en una taquilla con fugas y con destinos oprobiosos, apoyo sufrido y desgañitado a unos colores y a profesionales falsarios. Dos tácticas en la pizarra de encuentros decisivos: 1) Nuestro resultado, comprado; 2º) Otros con influencia, primados. Así se entienden mejor victorias heroicas sobre los más grandes y la falta de actitud en otras confrontaciones. Pecho hinchado de orgullo cosmético. Mitos caídos. Urge borrar la letra del himno. Ni honor, ni dinero y libertad para fichajes, ni patrimonio. La campaña de captación de socios debiera entregar una copia del sumario judicial completo. Para saber en qué valores se han invertido tiempo, alma y dinero. Pinchar la burbuja. Por abajo. Sin piedad.