La presidenta Uxue Barkos “descarta” avanzar en la incorporación de Navarra a Euskadi: ni es “ambición, horizonte o previsión” del Gobierno, ni figura en los programas electorales de los cuatro partidos (GeBai, Bildu, Podemos, I-E) de la exigua mayoría parlamentaria foral. Realista. Sensato. Razonable. Balsámico. Pero decepcionante. Para el nacionalismo vasco navarro más aguerrido y para muchos ciudadanos de la CAV, en especial para los adeptos a la izquierda abertzale. La Comunidad Foral de Navarra goza de una singularidad en el conjunto del Estado de las Autonomías: su derecho a decidir. Limitado, pero importante. La Disposición Transitoria Cuarta de la Constitución regula los mecanismos de esa incorporación y respeta la voluntad soberana del pueblo navarro. UPN y sus asociados coyunturales -PP, CDN, PSN- evitaron activarla cuando dispusieron de mayoría absoluta. Eran conscientes de la existencia tasada de una mayoría social amplia contraria a la incorporación y sabían que un resultado negativa en hipotética consulta provocaría una moratoria de cinco años en volver a plantear el asunto. Pero no lo menearon. Ahora, con gobierno de mayoría nacionalista, tampoco se hará. Las siglas implicadas defienden la Transitoria Cuarta -contra la tesis abolicionista del resto del arco parlamentario-, pero, de momento, como efecto placebo. El PNV está instalado en el posibilismo -salvo en los trances histriónicos de los mítines- y el mundo de Batasuna ha terminado por entender los matices territoriales de su utopía. Nunca es tarde. La dicha es buena. El Gobierno de Barkos trabajará en un “acercamiento” con su homólogo de Euskadi, que corrija el “castigo” de UPN y normalice esas relaciones. Convencer, seducir, persuadir en lugar de amedrentar. Preparar el tempero, sembrar con encanto y esperar a que la semilla fecunde hasta que la cosecha sea suficiente. Nafarroa, Euskadi da. Ah! Y Mañana, España será republicana. Del vozarrón a la sordina.
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