Revocación rima con equivocación. ¿En la elección o en el desenlace? El consejero de Educación, José Luis Mendoza, revocó en cuestión de horas el nombramiento de Imanol Haranburu Karrera como jefe de Negociado en la Escuela de Idiomas. Este trabajador del Gobierno de Navarra, “absolutamente competente en el tema de idiomas” (Mendoza), licenciado en Filología Vasca, tiene 53 años de edad. Con 26, fue detenido y juzgado como miembro del comando legal (no fichado) Ortzadar de ETA-militar, sin que hubieran cometido atentado alguno. Condenado a 21 años, pasó 16 en la cárcel, de la que salió con 42. ¿Equivocación en la elección? La cadena de mando del departamento lo presentó al consejero como candidato idóneo. O no dieron importancia a sus antecedentes personales o se limitaron a valorar sus capacidades profesionales, sin entrar en otros terrenos. No cabe apelar a la ignorancia, salvo flagrante incompetencia. UPN puso el grito en el cielo y acojonó al Gobierno de Barkos, que reculó de inmediato “para el buen funcionamiento del departamento”. Argumento espurio comprado en la cobardía política. Si lo consideraron un error, ¿nadie va a pagarlo?: ¿ni los autores jerarquizados de la recomendación, ni el consejero sandinista de pon y quita? ¿Error en el desenlace?: flagrante. El Gobierno de Barkos respeta “el conjunto de los derechos civiles” que asisten a Haranburu “una vez cumplidas sus deudas con la sociedad”. Pero su historial impide la “delegación de confianza”. El diputado Bixente Serrano Izko, sustituto de Barkos en el Congreso, también exetarra, fue condenado por secuestro (amnistiado en 1977) y ha merecido la delegación de confianza de Geroa Bai en la máxima representación institucional. Pecado original: el extenso ámbito de la discrecionalidad en los nombramientos. Pecado mortal: la neutralización de la confianza por motivos ideológicos. Aborta la cacareada meta de la plena reinserción. ¡Al infierno el postureo político!
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