Son admirables las historias como la que ayer ocupaba la primera plana de este periódico: un hombre se había encontrado 1.150 euros y los había entregado a la Policía, que había localizado al dueño. En la imagen, el dueño agradecía su gesto al buen ciudadano, que manifestaba que se había puesto en la piel del otro y pensado que seguro que los necesitaba, lo cual era cierto, pues era el pago a su trabajo como pintor. Lo que hizo tiene mérito, ya que, sin ninguna obligación, devolvió algo que le hubiese permitido algún lujillo durante unos días o semanas, aunque nada que realmente le sacase de un apuro y que quizá, pasado el tiempo, le iba a causar más cargo de conciencia que otra cosa, seguro. Pero hizo muy bien y es de aplaudir. Igual yo hubiese hecho lo mismo, aunque no lo sé, con estas cosas hasta que no te pasan lo mejor es no decir nada, que luego te defraudas. Sí que creo que si lo que me encuentro es un millón no lo devuelvo. Dice el samaritano que al ver 1.150 euros pensó en un padre o madre de familia que necesitaba ese dinero, como así era, y es lo que hubiésemos pensado todos, y además seguramente él no necesitaba 1.150 euros, no le solucionaban nada ni a él ni a nadie. Pero, piensen, ¿un millón de euros, ustedes, lo devolverían? Sean honestos: no te ha visto nadie, no se lo vas a decir a nadie, posiblemente una cantidad así y toda junta no viene de nada bueno? si te organizas bien y eres listo y no das el cante vives de eso el resto de tu vida tengas la edad que tengas? Es goloso, ¿no? Devolver 1.150 euros está bien, es un detallazo, hay que destacarlo, pero ¿y 1 millón? ¿Qué harían? Da un poco de miedo asomarse a uno mismo, ¿no? Como da miedo imaginar el miedo que se pasa guardando en casa tanta cantidad, ahí, en la cisterna, los nervios del día a día, ¿seguiría usted trabajando, sí, no, donaría parte? Me está entrando una angustia horrible.