El tema con los bogavantes, las óperas y las catedrales es que son vicios caros. El bogavante supuestamente nos lo pagamos cada uno de nuestro bolsillo -oficialmente-, pero en cambio los de las óperas y los de las catedrales tiran mucho de lo público, porque “son espectáculos caros”, como dicen de la ópera, que si se les recorta la subvención ya no pueden seguir o eso dicen, puesto que es un arte que incluye “a decenas y decenas de personas” y si te cobraran el precio real de la entrada sería el doble o triple de cara y es la subvención la que permite que esos precios sean más bajos para el público, aunque siempre con unos precios muy elevados para la gente en general. Eso es así, la ópera es elitista y solo deja de serlo inyectando dinero público a mares. Como son elitistas los arreglos de asuntos erigidos a mayor gloria de los ególatras de turno y que representan todo lo contrario a la austeridad que se presupone a Jesucristo o lo que de él se nos vende, esos monumentos al despilfarro llamados catedrales, que aquí son de la Iglesia pero que pagamos los contribuyentes en un 33%, mientras que la Iglesia paga un 11%, todo bajo el sacrosanto asunto del “patrimonio cultural”, que es también como lo venden los de la ópera, que todo es patrimonio cultural, más caro que la jodida mortaja, pero patrimonio, como todo lo que era de los pueblos y se inmatriculó la Iglesia en Navarra a su nombre y aún no ha devuelto. El caso es que los navarros nos vamos a gastar 1,3 millones hasta el 2020 en arreglar el claustro de la catedral del club privado este, un despilfarro que debería corresponder a los titulares del inmueble y a los entes privados que busquen. El gobierno debería de estar para velar por ese patrimonio y buscar resortes, no para apoquinar directamente y muchos menos cantidades tan ingentes. Es escandaloso, una opereta que también traga el gobierno del cambio.
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