Esto es mucho peor que en la -extraoficialmente- película llamada Día de la Marmota. En el Día de la Marmota, para empezar, suena en la radio como despertador I got you babe, que es un cancionón de Sonny y Cher. Ahora sonaría la última mierda miserable de Enrique Iglesias. En la película, además, Bill Murray dispone de la oportunidad de observar el comportamiento de todos los demás y de adecuar el suyo. Aquí es al revés, los demás siguen moviéndose cada día de manera diferente aunque parece que hagan lo mismo y eres tú el que se queda como paralizado asistiendo a esta campaña electoral perpetua, a esta tertulia interminable, a este país que resulta aburridamente idéntico a sí mismo pese a moverse. Después de mucho observar, día tras día tras día tras día, quizá la única opción que te queda es no observar nada, pero sin caer en el error de no ir a votar el 26, que quizá es lo que les interesa a muchos. Y en el Día de la Marmota, para finalizar, sale Andie McDowell, lo cual mejora cualquier situación -por dura que sea- de una manera francamente espectacular. Quiero decir que cuando de una situación asquerosamente repetitiva como es el panorama político y mediático se dice que es como vivir en el Día de la Marmota y la comparación se hace de una manera despectiva no hay que olvidar que la media de los días de la marmota que vive Bill Murray en la película es bastante mejor que la media de los días que se viven en esta realidad actual desde hará mínimo un año o así. Esta pasada noche, por ejemplo, ha comenzado oficialmente la campaña electoral y es más que posible que en los próximos 15 días ustedes, por muy precavidos que sean, oigan varias veces aunque sea sin querer la voz de, yo qué sé, Pedro Sánchez. En el Día de la Marmota, Murray sabía cómo evitar esto, porque conocía el momento en el que sucedía todo. Nosotros no podemos. Busquemos otra comparación.