hombre, mucha tranquilidad no es que dé que el principal responsable de las policías o de las elecciones de pasado mañana sea Fernández Díaz. Y mira que hemos tenido ministros de Interior siniestros de cojones, como Martín Villa, Barrionuevo o Corcuera, pero lo de este supera cualquier listón. Que además le graben en su propio despacho no hace sino acrecentar la sensación de que en esta jungla no hay nadie que aporte un mínimo de seguridad y decencia a nadie y que te pueden pasar por encima cuando quieran y como quieran. ¿Quién? Ni puta idea, es como cuando tienes que encender todas las luces de las habitaciones para que el crío vaya por el pasillo porque “tengo miedo”. Aquí si te paras a pensar medio segundo no te puedes fiar de una sola de esas habitaciones, no te puedes fiar de nadie que te hable en nombre de asuntos grandes o rimbombantes: comunidad, país, patria, seguridad, intimidad, privacidad, honor. Tampoco te puedes fiar en realidad de la inmensa mayoría de la gente con la que convives, al igual que ellos no se fían de ti, porque la inmensa mayoría ven normal que un ministro conspire contra otras fuerzas políticas, ven eso como un asunto de eso que se llama “de dentro del vestuario”. Aquí hemos tenido el GAL, torturas, asesinatos, desaparecidos, seguimos teniendo dispersión, se inventó la doctrina Parot y a millones de ciudadanos eso les ha parecido fantástico y de justicia y si me apuras poca cosa. ¿Qué coño les va a afectar que un ministro que pone medallas oficiales a vírgenes se reúna con otro jicho para airear miserias de otros partidos? Lo ven tan lógico como que Del Bosque estudie con sus ayudantes los puntos débiles de Italia. Aquí se nos llena la boca con la elegancia y deportividad de Nadal o Indurain pero si el lunes hay que ganar a Italia corrompiendo al árbitro se le corrompe. No es Fernández Díaz. Es general. Y muy aplaudido.
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