Como bien comentaba Xabi Larrañaga en estas páginas cada dos por seis sucede algo que “incendia las redes”. No paran de incendiarse, explicaba Xabi. Es cierto, es la manera extraña y estúpida que se maneja ahora para llamar la atención de los internautas, a base de vídeos y asuntos que no nos lleven mucho tiempo. Vale cualquier cosa. Una de las últimas que ha incendiado las redes -otra llevó al suicidio esta semana a una chica italiana, que vio hace un año cómo un ligue subía a internet sin su consentimiento una relación sexual- es el vídeo de la borrachera de un concejal del PP de Bilbao, donde se le ve dentro de un bar, discutiendo si tiene que pagar o no tiene que pagar 3 cervezas. El vídeo es asqueroso. Grabar ese vídeo y difundirlo, que exista el derecho para que un anormal que está dentro de un bar te grabe un vídeo por el mero hecho de que tú estás borracho o eres concejal del PP -o de quien sea- y él se crea con el derecho de grabarte, con el beneplácito del camarero del bar, un tal Jorge, igual de fiemo que el que graba, puesto que sabe que la escena se está grabando. ¿Dónde coño queda el derecho a la intimidad, por mucho que el tipo esté ciego como una rata y no diga más que bobadas, fruto de su estado? El hombre, al menos en el vídeo, ni insulta, ni rompe nada, ni se pone violento, ni chulo. Simplemente no se aclara y se encierra en que ya ha pagado 3 cañas y punto. Está borracho. Como lo hemos estado los demás miles de veces y mucho peor que eso. No hay ningún derecho a que estos asuntos salgan de donde nunca debieron salir, ya que la actuación del concejal nada tiene que ver con la política. Este medio, por ejemplo, lo puso en su página web. Y estoy en contra. Eso no es periodismo ni es nada y cruza rayas que jamás se deberían haber cruzado. La vida de cada persona mientras no dañe a otras es sagrada por mucho que “incendie las redes”.
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