hay que tener mucho cuajo para que en la antigua Estación de Autobuses no se hiciese apenas nada desde su cierre en noviembre de 2007 hasta que UPN dejó de gobernar en junio de 2015 -casi 8 años- y ahora que se plantean propuestas a cargo del actual equipo de gobierno sea precisamente UPN el que plantee derribar el edificio y levantar algo nuevo, con, eso sí, unos 6.000 metros cuadrados más de espacio comercial, por si no nos hemos enterado de la saturación comercial de una ciudad con cientos de bajeras vacías y persianas bajadas. Te tiras 8 años mirando al tendido -los últimos 4 con Maya como alcalde-, dejando aquello a lo sumo para una pista de patinaje en invierno y 5 juegos infantiles en la actualidad y justo cuando se presenta una iniciativa de mercado social dices que se “va a hipotecar el futuro del solar”, que es “la última parcela que queda en el centro sin futuro definido y no se puede improvisar”. Leamos de nuevo: casi 8 años desde que cerró la estación hasta que UPN cedió el poder. No hicieron nada. Ni improvisar ni no improvisar. Nada. Cero. Dejar que las instalaciones se deteriorasen, no abrir ninguna clase de proceso de ideas o participativo de colaboración público-privada -de lo que ahora habla Maya- o algo aparente. Absolutamente nada. Por supuesto, los grupos municipales que después de siglos gobernando pasan a la oposición tienen todo su derecho a presentar ideas una vez que ya no mandan, pero es que hay algunas cuestiones que claman especialmente al cielo. Y la antigua Estación de Autobuses es una de ellas, un enclave entrañable y muy querido por miles de pamploneses y que ha estado casi cerrado a cal y canto y sin buscarle usos por la inacción y la falta de imaginación de UPN, que además falta a la verdad diciendo que se hipoteca el futuro del solar. Ni mucho menos. Se la da un uso muy digno mientras lleguen posibles opciones mejores.