el espectáculo grotesco que ayer protagonizó el PSOE en el Comité Federal y que tras casi 11 horas culminó con la dimisión de su Secretario General y después de que el caos y los enfrentamientos estuvieran presentes a lo largo de toda la jornada no añade, en cualquier caso, mucha más vergüenza ajena que la que ya había podido sentir cualquier ciudadano normal anteriormente. Posiblemente sí la sintieran los propios votantes socialistas, heridos ante un espectáculo tan lamentable y bananero, pero no quienes desde hace tiempo, hace ya mucho tiempo, ven en el PSOE un partido tan básico para la democracia dada su implantación como tan poco de fiar en cuanto no dispone de los números necesarios para gobernar en solitario. En cuanto los números le han colocado en disposición de que se abrieran frentes internos algunos de los cuales no ven con malos ojos un gobierno de su supuesto máximo rival político, el PSOE ha demostrado que tiene entre sus filas, al menos entre sus dirigentes, a miembros suficientes dispuestos a arrodillarse ante la derecha y el poder económico. Esto es, cuando la situación así lo ha dispuesto, ha demostrado que hay gente ahí dentro capaz de renegar de todo aquello que supuestamente les ha llevado a estar ahí dentro. Abstenerse en una votación y dar el gobierno a Rajoy es, sencillamente, renegar de todo aquello por lo que a lo largo de la historia han peleado los socialistas de verdad, los de verdad, no Susana Díaz, el grupo Prisa y Felipe González Márquez, el de OTAN de entrada no y el de con lo que hicimos en el País Vasco y el de las reformas laborales del 88, 94, etc. En una tesitura económica, laboral y social que ha llevado al país al borde del colapso y a millones de personas a la miseria y la desesperanza, ayer se votó seguir dejando en manos de quienes nos trajeron hasta aquí cómo salir de aquí. Mal rayo les parta.