Tengo la sensación de que o bien el presidente o bien la junta directiva entera de Osasuna no son conscientes ni siquiera medio conscientes de que se les ha aparecido en los tres últimos años tres veces la virgen en forma de paloma y que si ahora de vez en cuando viajan a campos de Primera División y se dan la mano con la élite -ejem- del fútbol directivo español es por esa triada sin casi parangón en la historia del fútbol nacional: 1º Elaboración de la chapucera ley de rescate a finales de 2014. 2º Milagro de Sabadell mayo 2015. 3º Milagro de la última jornada de la Liga regular 2016 y del play off posterior. En todo eso, han tenido bastante poco que ver, más allá de sostener el edificio sin que se viniese abajo. Desde que Sabalza se hizo cargo del club en diciembre de 2014, han sido una ley infame y una folla impresionante -amén del buen hacer de jugadores y técnico, vale, pero con una nata espeluznante- las que de pura chiripa no le han convertido en el presidente que cerró la puerta del club para siempre. Que ahora, cuando apenas se llevan 7 jornadas y Osasuna aún no ha ganado, ese Osasuna que tiene el coste salarial más bajo de toda la Liga, Sabalza y su junta no sean firmes, contundentes y tajantes a la hora de apostar por ese entrenador que estaba en Sabadell y que estaba el año pasado es, cuando menos, detestable, en la medida en la que no fueron sino Martín y su forma de ser y funcionar los que ilusionaron a la afición todo el año pasado y no fue sino Martín el que hizo debutar y crecer a los chavales sobre los que se edificó el ascenso, incluido ese Merino malvendido por Sabalza y su opaco y no sabemos si rentable asesor externo, Fran Canal, hipotecando buena parte del rendimiento deportivo de la plantilla. Si en 7 jornadas -aun habiendo perdido las 7- no eres capaz de transmitir fe total en tu entrenador, el puesto te viene muy grande.