Como no podía ser de otra manera, la noticia con diferencia más comentada ayer en las redes sociales navarras fue que el gobierno de los cuacho ha decidido que todos los carteles viarios de entrada en Navarra se rotularán a partir de ahora en castellano y en euskera, de acuerdo a la Ley Foral del Vascuence. Hay 67 carteles de estos y 45 de ellos no estaba rotulados en ambos idiomas oficiales, 44 de ellos situados en la zona no vascófona y 1 ubicado en la zona mixta. A partir de ahora, en cambio, lo estarán todos, al margen de dónde se encuentren, al entender el nuevo gobierno que la comunidad es la misma se entre a ella por donde se entre y que en la comunidad oficialmente rigen dos idiomas. Objetivamente, esto es así -el artículo 8,3 de la ley dice que “las denominaciones oficiales son las legales a todos los efectos dentro del territorio de Navarra y la rotulación debe ser acorde con ellas”-, pero por esa defensa acérrima que durante tantos años ha hecho UPN del euskera pues no era así, y un francés entraba a Navarra por Tudela y le decían que bienvenido a Navarra y salía por Urdax y le despedían diciendo que abandonaba Navarra-Nafarroa, lo que no deja de ser una soberana estupidez, por mucho que para otras cuestiones la división en zonas tenga su explicación y su sentido. Pues bien, una cosa tan sencilla como esa es capaz de levantar pasiones durante todo el día y que partidarios y defensores de la matraca permanente se enfrasquen durante horas -siglos llevan- con argumentos, historiografía, insultos, vejaciones y toda la ya habitual colección, incluido el manido e irónico “es el principal problema de los navarros, como si no hubiera cosas más urgentes en las que invertir”, que vale para el 99% de las cosas. Es asombroso que la normalidad sea vista por tantos miles de personas como una anormalidad y hasta como una afrenta y una amenaza. Sin parangón.