Los carteles que dan la bienvenida a los viajeros en Navarra incluirán en breve la palabra Nafarroa, hecho a todas luces intolerable. Así ha explicado su dolor de ojos el enfermo: ese añadido toponímico no es urgente, no es necesario y no es barato. Para qué aceptar el dueto de lenguas pudiendo azuzar el duelo entre ellas. Y como estamos en crisis nada mejor que enfangar una minucia legal con sangre, sudor y lágrimas: “ese dinero tranquilamente podría destinarse a las ayudas sociales”, ha lamentado con tranquilidad una repentina activista del PP.
Y en verdad no es urgente, como no lo es ninguna iniciativa simbólica, desde el desfile de la Hispanidad hasta el de los maceros con peluca. Sin duda cabe esperar hasta que acabe el hambre en el mundo. Tampoco es necesario, como no lo es rotular, junto a Wellcome, esa macedonia eurovisiva de Bienvenidos, Bienvenus, Willkommen y Benvenuti. Incluso al conductor más ignorante le basta la versión inglesa para pillar el mensaje. Y en cuanto al precio, supongo que esos nuevos carteles costarán lo mismo que otros miles, muchísimos inútiles, pagados con unos euros que salvarían a bastantes ballenas.
El problema no es que a diez metros de una plaza de toros una flecha sobre la que se ha escrito Plaza de Toros nos indique que, en efecto, ahí enfrente está la plaza de toros, detalle vial muy extendido por ser de máxima urgencia, completa necesidad e indiscutible rentabilidad pública. Sin él pensaríamos que se trata de un mercado de especias. Lo indignante es que además se cuele por ahí un Zezen Plaza. Eso es lo que altera el presupuesto y recorta la pensión a las viudas.