Empiezo a creer que detrás de lo de Mendoza está Barkos. Detrás de su torpeza, me refiero. Porque no es muy verosímil meter la pata de esta manera. A no ser que tu jefa te haya puesto en ese papel para ejercer de, tal que diría mi padre, “capacico de las hostias” y así liberar de presión al resto. El año pasado, la OPE de Educación -dejemos de lado el PAI, manipulado hasta la extenuación por oposición y sindicatos- y, éste, la convocatoria de becas. No se puede ser tan inútil como para cambiar una convocatoria de becas que afecta cada curso a miles de familias, con cantidades económicas importantes y que conlleva decisiones educativas y vitales clave, cuando ya se llevan dos meses de curso. Eso es, sencillamente, un despropósito, al margen de que la idea sea mejor, peor, más o menos acertada. Por supuesto que un alumno de la pública va a pagar siempre menos que uno de una privada -faltaría más- y por supuesto que un gobierno público no tiene por qué gastar sumas exorbitantes subvencionando matrículas astronómicas privadas por mucho que los alumnos que eligen eso no tengan grandes ingresos (en 2015 la subvención media para 549 alumnos de la CUN fue de 3.680 euros, no está nada mal, es una pasta, porque es una universidad ¡carísima!) Todo eso, debidamente explicado, euro a euro, idea a idea, dando todas las cifras de alumnos, de costes por alumno y universidad, de porcentajes, de cantidades globales, todo, bien hecho, antes, pues tendría sus detractores, claro, como ahora, pero no contarían con la ingente munición que Mendoza y su equipo les vuelven a ofrecer, que ya están convirtiendo en demagogia -“los pobres siempre los más perjudicados” ¡Bajen ustedes esas matrículas imposibles para los más pobres, compartamos esfuerzos!- y victimismo. Tiene que ser cosa de Barkos, que luego se reúne con el rector y se arregla. Si no, es casi imposible de creer.