Imagino que si a tu padre lo asesinó ETA igual ante las personas que consideran bien, celebrable y necesario que encarcelen a 8 personas por una pelea -por muy enmarcada que esté en el odio- tienes un poco más de ascendente moral que los demás a la hora de dar una opinión que critique ese encarcelamiento, aunque es mucho suponer. Porque el pensamiento único en este apartado, pensamiento muy extendido, es que ante esa gente vale todo. Vale todo, porque sí, porque son los otros, los malos, los que jamás condenaron, los que jamás lo harán, los que siguen pensando que aquello estuvo bien. Para muchos, el sentido común y la justicia de una legislación no es de igual aplicación según para quién y ante determinadas personas o grupos se aplican excepcionalidades que serían intragables en otros casos. Encarcelar a ocho de los acusados de Alsasua, por muy reprochable que fuese su actitud, no es sino una exageración, amén de una injusticia. Lo dijo ayer en Twitter Iñaki García Arrizabalaga, cuyo padre fue asesinado por ETA en 1980: “100% de acuerdo contigo, Txema”. García Arrizabalaga se refería a una frase de Txema Urquijo, exdirector de la Oficina de Atención a las Víctimas del Terrorismo del Gobierno Vasco: “Al igual que la agresión fue intolerable, lo de Alsasua está resultando ahora, además de una torpeza política, una desmesura jurídica”. De la misma manera que se necesitan infinidad de pasos por parte de la izquierda abertzale, de manera individual y como conjunto, también, sin entrar en comparaciones, son muy necesarias voces como las de García Arrizabalaga, valientes y libres, pero muy inhabituales entre políticos, víctimas, periodistas, historiadores y ciudadanos en general, incapaces de expresar en público lo que muchos piensan en privado o se ve desde Plutón, como este caso. A saber el motivo por el cual también hay tanto por recorrer en ese sentido.