leo el hermoso texto en el que Tomás de la Ossa recuerda al gran Jesús Galdeano, al que tuve la inmensa fortuna de conocer preparando La Historia del Ciclismo en Navarra amén de por esas llamadas que le hacíamos desde la redacción en los años 90 para que nos contara su opinión de las etapas de Vuelta, Giro y Tour, y al poco veo que el Gobierno de Navarra ha distinguido a varios navarros con la medalla de Carlos III el Noble, creada “para resaltar los méritos de las personas y entidades que han contribuido de forma destacada al progreso de Navarra o a la proyección exterior de la Comunidad Foral”, y al instante echo en falta que en esa lista de premiados no esté -ni este año ni nunca desde 1997, cuando se creó- José Miguel Echávarri. El primer deportista ha sido precisamente este año -y muy merecido- Julián Retegi -Induráin ya tiene el máximo galardón de Navarra, la Medalla de Oro, el único deportista que la tiene-, pero si hay alguien que haya paseado el nombre de Navarra a nivel deportivo por el mundo ése sin duda es Echávarri, años antes incluso de que Induráin ya lo extendiese por todos los puntos cardinales. Echávarri, ya jubilado, recibió en 1999 la Medalla de Oro al Mérito Deportivo de Navarra, pero sinceramente creo que es poco reconocimiento para alguien que hizo lo que él hizo, para alguien que sacó al ciclismo español del ostracismo, que obligó gracias a los éxitos de Arroyo y Delgado a que TVE cambiara su programación en 1983 para dar el Tour en directo -este año será el 35º consecutivo de Tour en directo-, que obtuvo el primer Tour para España en 15 años, que supo cuidar y pulir a Miguel Induráin, que vinculó siempre a sus equipos con Navarra y que, en resumen, fue un director y mánager deportivo de nivel mundial, a escala mundial, durante muchos años y, sin discusión, uno de los personajes deportivos más cruciales del último medio siglo.