Le deseo a Amaia Romero la mejor de las suertes. ¿Cuál es la mejor de las suertes? Ni idea, soy un humilde plumilla de pueblo, no llevan los sabios y los filósofos milenios tratando de encontrar respuesta a eso como para que venga yo, un simple seguidor de Osasuna, del Reynolds y de Bob Dylan, a intentar explicarlo. Precisamente Dylan una vez le contestó a un periodista que qué sentido tenía eso de ser feliz, así que mucho menos ir por ahí preguntando si uno era o dejaba de ser feliz, algo bastante parecido a eso de tener suerte cuando Eurovisión puede que sea solo un punto anecdótico más dentro de una carrera artística que no ha hecho ni empezar. ¿La mejor suerte en un concurso de canciones horteras y azucaradas es ganar, quedar entre los 5 primeros, no echarse a llorar a mitad de tema, no soltar gallos, evitar que no obtengas ni un punto, volver a tu casa con una cierta sensación de haber hecho lo que se supone que había que hacer? Ya digo que no sé, la canción es tan cursi y pestiño que aunque solo sea por paisanaje y por su evidente naturalidad espero que no se lleve por delante a Romero, en un país que no permite nada que no sea estar arriba y tragar con las dinámicas establecidas. Se vio con el tal Carlos Herrera y el libro que le había regalado Alfred a Amaia: estamos en un sitio de ese nivel, lleno de psicópatas con millones de seguidores, así que yo al menos me contentaría con que volviesen de Lisboa sin mayores males. Y luego que siga asombrando a quien le guste asombrarse con esa clase de arte y ya está, no hay mayor problema en asumir que hace mucho que no vivimos en el mundo que premia el talento musical en sí mismo sino más otras muchas cosas que funcionan en paralelo y que tienen mucho más que ver con el espectáculo y el folklore cutre que con la creación. En realidad, creo que que todo esto pase rápido va a ser para ella la mejor de las suertes.
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