Era el partido más importante del CD Pamplona desde su fundación, allá por el año 1958. Y la afición no falló. Alrededor de unos 2.000 espectadores, tal y como anunciaban las previsiones, desafiaron al sofocante calor y abarrotaron las instalaciones de Beitikuntzea, alcanzando así un nuevo registro histórico de afluencia en Lizasoain. Nadie se quería perder el mayor hito del club en su trayectoria, si bien el desenlace no fue el deseado.
Para paliar los 35 grados que se sufrieron, cada uno hizo lo que pudo. Los más afortunados siguieron el partido desde la grada cubierta, con apenas huecos libres, y donde se podía respirar a la sombra. Abanicos, gorras y hasta paraguas fueron los elementos más socorridos para hacer frente al infernal sol.
El Real Murcia Imperial no estuvo solo en Navarra. Unos 250 aficionados arroparon a su equipo en Beitikuntzea, tiñendo de rojo parte de las localidades. Media hora antes del encuentro, llegaron tres autobuses repletos de gente que salieron de madrugada y recorrieron los casi 800 kilómetros que separan Murcia de las instalaciones de la Cendea de Oltza. Algunos, sin embargo, decidieron organizar desplazamientos por su cuenta en vehículos particulares, pernoctando en Pamplona y aprovechando para hacer turismo.
En Lizasoain se encontraron con un campo que se vistió de gala para la ocasión. Con el blanco y el verde como colores predominantes, con chavales de la cantera luciendo orgullosos sus camisetas del Pamplona, con un público que quiso hacerse notar para empujar al máximo a su equipo hacia la victoria.
Ongi etorri infernua o Goazen Pamplona fueron dos de los lemas que se pudieron leer en las pancartas colocadas alrededor del campo. Un campo en el que también tuvieron protagonismo los jóvenes recopelotas que el club dispuso para la ocasión.
El público animó a los suyos cuando sufrieron el revés del tempranero gol del Murcia. Alentó en cada jugada, en cada aproximación a la portería rival. Protestó cuando entendían que debían hacerlo. Y levantó a los jugadores cuando el sueño del ascenso a 2ª RFEF se desvaneció.
Porque este sueño era también el de ellos y ellas. El de una afición que seguramente continuará al pie del cañón la próxima temporada en Tercera RFEF. Que seguirá arropando a unos jugadores y a un cuerpo técnico que se han dejado el alma hasta el final. Y que este sábado pudieron comprobar que la mayor recompensa no era tanto el ascenso de categoría, que también, sino el cariño y el abrazo de los suyos que no les han abandonado durante todo el camino.