Juan Carlos de Borbón y otra vez fue coronado Rey el 22 de noviembre de 1975, tras dejarlo el Dictador todo atado y bien atado. Tardó 7 años, 6 meses y 7 días en pisar Navarra, en una visita relámpago para consolar a la viuda de un guardia civil vilmente asesinado por ETA. Tardó otros 5 años -12 años y medio desde que fue nombrado- en hacer una visita oficial. Supongo que esto es comprensible si te nombran Zar de todas las Rusias, que tenían que patear más de 22 millones de kilómetros cuadrados, pero a finales del siglo pasado y con apenas 17 comunidades autónomas toas junticas mucho no dice de su interés por las navarras y los navarros. Luego trajeron a su padre a las clínicas de por aquí y nos volvimos los más monárquicos del mundo. Tanto que nos sacamos en 1990 el Premio Príncipe de Viana de la Cultura de la chistera y para darle empaque con eso de que Príncipe de Viana es uno de los porrones de títulos que tenía Felipe antes de pasar a ser el jefe pues venía él a entregarlo y aquí el personal afín babeaba un rato, porque se codeaba con la televisión y las plumas, pero el prestigio internacional del premio seguía siendo el que era: bajo. Era y es un premio local, muy emotivo imagino para los galardonados, muy merecido y que destaca sus cualidades, pero para los de casa. Con el cambio de gobierno, éste decidió que la Casa Real no pintaba nada en el galardón y decidió eliminar del protocolo al no elegido por nadie, un gesto que le honra y que no resta ningún mérito ni a galardonados y ni prestigio al reconocimiento. El PPN ya ha anunciado que no va a ir de nuevo el sábado a la entrega porque no van los ungidos por la gracia de Dios -y Franco- y no se sabe si Esparza (presidente de UPN) dejará de ir por tercer año consecutivo. Es comprensible que les incomode ir puesto que si estás acostumbrado a llevar la cabeza agachada al ponerla recta tiran las cervicales.
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