Unas cuantas horas después de que un niño de 4 años muriera atropellado en la Chantrea, dos mujeres, una de ellas embarazada, fueron lanzadas por el aire en la calle Iturrama por un conductor al que al parecer “deslumbró” el sol. Un testigo de los hechos dijo que él había pasado por ahí dos minutos antes y que efectivamente el sol deslumbraba. Para casos así, en los cuales te deslumbra el sol a amanecer o al atardecer han inventado hace poco un artilugio fantástico al que hacen llamar gafas de sol. Desconozco qué es, puesto que no conduzco ni tengo carnet de conducir, pero indagaré: gafas de sol. Es como cuando nieva, nieva mucho, cuaja, hace frío, son las 7 y media de la mañana y el 95% de los coches que salen a la carretera no llevan ni cadenas ni, por supuesto, ruedas de invierno. Lo de las ruedas de invierno lo puedo entender, puesto que cuaja pocas veces, pero lo de las cadenas es directamente vagüeza y dejadez, de la misma manera que es vagüeza y dejadez lo de las gafas de sol. No sirve el argumento de que mucho peatón pasa por pasos de cebra y no pasos de cebra como si fuese el salón de su casa, que en ocasiones es cierto, porque en el caso que nos ocupa la causa es el deslumbre, como en algunos casos aún más tristes que se dieron hace no mucho cerca del Sadar. Para eso están las putas gafas de sol. No sé cómo son la generalidad de conductores y conductoras de ahora, sé cómo era y es mi padre, que toda la vida ha llevado gafas de sol, otras gafas de ver, cadenas, guantes por si el sol quemaba mucho el volante y no se podía agarrar bien o molestaba, rasquetas, paños y toda clase de pequeñas cosas que le otorgaban seguridad. Y nada de radio ni por supuesto móvil. Los coches de ahora son tan silenciosos, confortables, entretenidos, cómodos y automáticos que el personal se olvida de que es humano y cuando le da el sol le deslumbra, qué cosas.