Sabía que esto más tarde o más temprano iba a tener que pasar, es la clásica cosa de la vida que por mucho que la vayas obviando o que te niegues a mirarla se está ahí cociendo delante de tus narices quieras tú o no quieras: Pablo Alborán va a actuar en el Navarra Arena. En junio de 2019, el 1 en concreto. Cae en sábado, así que es posible que si me organizo pueda cogerme un tren a Tafalla y que hasta allí no llegue el ruido. No tengo nada contra Pablo Alborán, que conste, pero imagino que puedo dejar constancia de que su música me resulta empalagosa y detestable. En su descargo diré que en parecidos niveles de empalague que el 95% del panorama actual, repletico hasta los techos de cantantes melódicos, reguetoneros o cosas peores. De ahí que triunfen tanto los dinosaurios y las bandas de revival. Odio a las bandas de revival. De hecho no me cabe en la cabeza cómo se puede ir a ver a una banda que se hace llamar tributo a no sé qué y que te endilga 40 castañas y por supuesto ahí no están ni el cantante original ni nadie que se le parezca. Creo que al Arena también va una de esas, que homenajea por 40 castañas o más a un grupo cuyo cantante murió hace casi 30 años. Solo cantar imitando a ese cantante y cobrar por ello debería estar penado con cárcel, pero así es el libre mercado de la música, amigos: todo vale. Confío, no obstante, que los gestores del Arena -o en su defecto Baluarte- apunten estos nombres que a prisa y corriendo me vienen a la mente para que traigan en el formato que quieran si se acercan a menos de 500 kilómetros: Van Morrison -ya es puta hora-, Neil Young, Tom Waits, Bob Dylan de nuevo, James Taylor, John Prine, Eilen Jewell, Jackson Browne, Ray Lamontagne, Mark Knopfler, David Gilmour, Kris Kristofferson y Willie Nelson -antes de que cumplan los 90-. Y ya puesto a pedir, a Cohen, a Joplin y a Elvis. 1 de junio? ¡En Tudela estaré más seguro!