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A la contra

Contradictorio

19.04.2020 | 00:13

Bajé hace unos días a hacer compra y en el camino me fijé en varios trabajadores de la construcción apañando un local nuevo, de no más de 50 metros cuadrados, eran unos seis o siete, hablando entre ellos cara a cara, sin mascarillas ninguno menos uno, concentrados y ríendo y yo pensando: "Mira, esto está permitido pero que mi padre que todos los días o el 80% se cogía el coche y se iba al monte y no se cruzaba con nadie, no, no está permitido. Esto está permitido pero tengo a Luka metido en casa hace 40 días y si lo saco 10 minutos a comprar conmigo de la mano igual me apunta la OMS con un dedo gigante interestelar". Yo me alegro por esos currelas, por los muchos que trabajan y quieren hacerlo –no por quien lo hace obligado– y por la macroeconomía, nunca he sido de los que quiere para todos las limitaciones que uno tiene, pero no le veo sentido a que queramos mantener caliente la casa pero haya tantas ventanas abiertas. Se nos insiste y se nos machaca con que la clave es la distancia social y la higiene, porque por ahora los tests son muy escasos para el volumen de población que somos –pasa en todos los países grandes, cierto–, pero aquí seguimos, 40 días después, entre la esperanza de que dentro de poco se pueda salir algo y el desánimo de otear que durante meses y meses quizá nuestros hijos no podrán jugar en la calle ni besar ni abrazar a sus seres queridos o sus amigos, lo que también vale para nuestros hermanos, madres, padres. Eso desanima. Es una molestia nimia comparada con el drama que hay en los hospitales y en las casas y por eso aguantamos el tirón y por eso aguantaremos lo que nos receten, por sentido común, salud personal, pública y por respeto, pero eso no impide que te indignen muchas cosas: acciones, omisiones, silencios, engaños, torpezas bíblicas, etc. Sé que todo esto es muy complicado, no lo dudo, pero comienza a ser muy largo y contradictorio.

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