A la contra

Hay que justificar con datos

16.09.2020 | 00:37
A la contra, por Jorge Nagore

Ya hay más de 1.800 criaturas de entre 4 y 11 años confinadas en casa porque hay casos positivos en sus aulas –la mayoría de esos niños y niñas que dieron positivo se lo habrían cogido antes de empezar el cole–. Los niños y niñas de 3, 4 y 5 años están confinados porque el protocolo no les obliga a llevar mascarilla y se les considera contactos estrechos de su compañero o compañera positiva. Los niños de 6 a 11 años están confinados porque aunque llevan las 5 horas la mascarilla se considera que no guardan distancia y se les considera contacto estrecho de su compañero o compañera positiva. Hoy hace un día maravilloso de sol y están en casa, algunos y algunas saldrán en pocos días y a otros les queda más de una semana. Bien. Aceptamos pulpo como animal de compañía, aceptamos que al no conocer cómo funciona el virus en las aulas, cómo y cuánto pasa de unos a otros ya lleven o no mascarilla, este protocolo que los saca de su rutina –básica para los niños también, como el aire libre, los juegos y la sociabilidad– pretende proteger su salud ante todo –perfecto–, la ajena –perfecto– y la pública –perfecto–. Pero falta algo: falta hacer pcr de entrada al confinamiento y de salida a todos esos niños y niñas que se van a casa por positivos ajenos. Y con los resultados de esas pcr –y de las de futuros confinados, que se incrementan cada día– ver si las cifras y los niveles de transmisión –los niños también viven fuera del colegio, así que todos los positivos no se podrían achacar a las aulas– son lo suficientemente importantes como para obligar a confinarles cada vez que un compañero da positivo. Se necesita saber esos datos, hacer esas pruebas y aflojar el protocolo si se ve que la transmisión es baja o muy baja y que confinar es una estrategia punitiva sin sentido. Todo lo que no sea hacer eso es insultar y castigar a esos miles y miles de niños y a sus familias.