A la contra

Hablar por no callar

23.10.2020 | 00:43
Enrique Maya, alcalde de Pamplona, en un pleno del Ayuntamiento.

El alcalde de Pamplona comentó al hilo del cierre de la hostelería –entre otras muchas medidas tomadas este lunes– que hubiese sido mejor no cerrarla –se insiste en que la hostelería está cumpliendo, lo cual seguro que es cierto, pero el problema es que los expertos señalan la actividad como un riesgo en interiores, como otras actividad de interiores, por desgracia–. Bueno, es una opinión válida, como la de cualquiera, puesto que ya a estas alturas todos llevamos un pandemiólogo dentro, casi tanto como un entrenador de fútbol o un jurado de Eurovisión. Eso sí, Maya comentó que para él la clave es controlar más la vía pública. Lo dice el que ha cerrado los parques infantiles de Pamplona porque aseguraba su policía que no podía controlar que se cumpliese el aforo del 30% –Villava o Huarte no lo han hecho, los parques, con aforo limitado están abiertos–. No puedes dominar unos cuantos parques pero pides más control sobre nada menos que la totalidad de la vía pública, que anda y que no hay vía pública. Y que el problema son los botellones y los pisos. Bueno, lo de los botellones es la hostia, directamente, ya que la inmensa mayoría son al aire libre, con lo cual el problema sanitario es relativo o muy bajo. Que sea un problema para la hostelería es otra cosa, pero ese es otro debate. En cuanto a los pisos, claro, el problema es que la gente vivimos en pisos, nos juntamos en pisos y usamos los pisos, algunos bien, otros regular y otros mal. Hay unos 250.000 pisos o casas en Navarra. Un cuarto de millón de pisos. Salvo que tengas orden judicial o estés montando un pollo del 20 no puede nadie entrar en tu casa a meter la tocha a ver si te has juntado con tus suegros y dos sobrinos a cenar. Eso entra dentro de la responsabilidad o no de cada cual. Lo que hay que hacer es ayudar a la hostelería –y más sectores– con ideas nuevas. No soltar la primera boutade que se te ocurre.