Queridas cabras

24.12.2020 | 12:35
Queridas cabras

A un par de horas en coche al norte de Estocolmo vive una cabra enorme. Desde hace un mes, en la Plaza del Castillo de Gävle. Recogiendo el testigo de una tradición pagana nórdica y multiplicando su tamaño, los sagaces comerciantes de esta ciudad sueca decidieron hace medio siglo que sería un buen aliciente para fomentar el turismo y el consumo navideños. Allí cabras, aquí bonos. Así que desde entonces cada año talan unos centenares de pinos para construir la estructura y después la recubren de paja. Los símbolos y las tradiciones no siempre tienen origen épico ni mágico. Pero lo que hace enormemente atractiva a esta cabra gigante que conquistó su lugar en el olimpo Guinness, sin demasiada competencia, imagino, no es su tamaño. Es las ganas de atacarla que despierta. Le han dado fuego, la han atropellado y la han destrozado en tantas ocasiones que para los habitantes de Gävle el mayor aliciente de la Navidad estriba en saber en qué estado llegará la cabra al 1 de enero. En 2016 no aguantó entera ni 24 horas. Años antes un turista norteamericano durmió dos semanas en una celda sueca por haberle prendido fuego. Creía que quemarla era un ritual. Y de hecho lo es. Pero ilegal. Hoy puedes seguir la evolución de la cabra día a día en streaming mientras expresidiarios velan de cerca por su integridad hasta el primer día de 2021. Aquí este año podemos seguir la evolución de los contagios día a día mientras la Ertzaintza vigila de cerca por el cumplimiento de las medidas y el quid de esta Navidad también radica en saber cómo llegará la pandemia al 1 de enero. Si sobrevivirá este equilibrio que hemos alcanzado o lo pulverizaremos, porque la fiesta sigue siendo nuestro ritual. Aunque ahora, ilegal. No somos tan diferentes a los suecos. También tenemos nuestra cabra. Incluso nos vamos pareciendo a ella porque esto de generar normalidad aparente en situación absolutamente anormal, sano-sano, no es. Queridas cabras, cuidaos. Walk the line. Otra vez a trotar por el filo, entre la necesidad de alegría y el sentido común. Nos reencontramos el 1 de enero.