Y tiro porque me toca

Está todo dicho

09.02.2020 | 21:49

I EL PUENTE de PIEDRA Al final, cuesta poner no ya atención, sino verdadero interés en el pulso que mantienen quienes podían haber dado un gobierno progresista al país en beneficio de la ciudadanía, esa que habrá que recordarles que existe y que es la que les ha puesto en el lugar en donde están. Hay asuntos que no admiten dilación, empezando por la lacra de los desahucios o actuaciones ciudadanas asociales, por mucho que se gallee en el Congreso y ante las cámaras.

El espectáculo ha sido siniestro, propio de una gallera. No sé de quién es la culpa, ni ya me importa mucho, o si en el fondo han imperado las pocas ganas de llegar a un acuerdo. La inmensa mayoría, que no somos enteraos, nos hemos quedado a dos velas, conjeturando, apostando por las verdades de uno o de otro, sin saber en realidad sobre qué se basaba exactamente la pugna. Tragamos lo que nos dan y lo que nos conviene, cada cual a los suyos, tergiversando, mintiendo, amagando, apostando... qué imagen más descorazonadora de la actividad política. Raro es que este asunto no haya terminado ya en una casa de apuestas con todas sus variantes: quién gana, quién pierde, de quién es la culpa, quién se come a quién...

Se han insultado, desdeñado, dado muestras de desprecio y falta de respeto de palabra y por gestos. Carmen Calvo hecha cabeza de Medusa esta última con sus patrañas impunes y juego sucio que a nadie parece importarle porque ni siquiera se le pregunta por ello ¿Pactado o es que ya la falta de ética se da por supuesta y carece de importancia? ¿Eran estos los que iban a formar gobierno? Resulta difícil de creer. Y la derecha frotándose las manos... y la extrema derecha citando a Unamuno.

No sé ustedes, pero yo no me puedo quitar de la cabeza la jota de aquellos dos que se compraron a medias un camión p'acarriar madera... Estos dos, de los que aquí se trata, no han conseguido, no ya llegar al famoso Puente de Piedra, sino ni subirse al camión.

II ALIVIO DE LUTO Lo sucedido en Navarra en cambio, te gusten más o menos los pactos y repartos concretos, tiene un no sé qué de alivio y ejemplar. Hace ver que los pactos de progreso y gobierno son posibles, pese a las diferencias ideológicas, y hasta invita a pensar si va a ser cierto que, al final, lo que cuenta es aquello que nos concierne más directamente: en el barrio, en el gache y su ayuntamiento, en el parlamento de nuestra comunidad, ahí donde podemos actuar y hasta controlar más de cerca (es un decir) a quien ostenta el gobierno. Volver a las políticas de base o al menos intentarlo. Tal y como están las cosas, ese pacto merece cuando menos un voto de confianza porque es, como digo, un alivio; a no ser que se trate de berrear: "¡Viva lo pior!", que a cierta edad no apetece. No todo va a ser el «bloque de derechas» armado donde, por miedo a despertar más demonios de los habituales, no se puede formar un «frente de izquierdas» que hubiese hecho saltar las habituales alarmas. Por comentar, ¿qué les parecen las políticas sociales portuguesas? Extrema izquierda, claro.

Ante un gobierno navarro de coalición de centro-izquierda, la derecha madrileña se ha apresurado a insultar y a echar a rodar las patrañas habituales que se convierten en verdades de culto en sus terrenos habituales... ¿Y qué? Aquí lo que cuenta es lo que se pueda conseguirse en cuatro años de gobierno, pese al acoso y derribo ya permanente del régimen autonómico vía Tribunal Constitucional, asunto este que merecería una mayor atención gubernamental y mediática. No puede ser que la legislación progresista acabe en el chirrión gracias a unos tribunales intoxicados de ideología. Así vamos tirando... no, así no vamos tirando, es el anuncio de una voluntad de llevar la convivencia política al clima del enfrentamiento y el permanente rasgado de vestiduras. La mentira ha calado, allí lejos y aquí cerca, entre quienes creen lo que les conviene y si se trata de afirmar, puroalmorro, que "la ETA se ha metido en la Diputación", se afirma, y de seguido lo que manden o aquello por lo que se pueda cobrar en metálico o en especie, de manera presencial o en diferido.