Ascos y penas

01.11.2020 | 10:09
Evo Morales.

Desde la presidencia del Parlamento europeo le han plantado cara al Tertsch de las patrañas retorcidas, y de paso a su partido de extrema derecha filofranquista, por falsificar la historia de la República Española, la Guerra Civil y la dictadura del general Franco, después de que el buscarruidos profesional hubiese emprendido una campaña de propaganda negra que les resultó insultante a unos cuantos eurodiputados no vayamos a pensar que ese asunto del revisionismo histórico franquista inquieta a quien tiene sus propios fascistas o a quienes no dan importancia alguna a los cuescos verbales del flamante eurodiputado.

Con todo, a ese revisionismo hay que plantarle cara y no transigir con el relato neofranquista del golpe y sus consecuencias represivas de décadas, no vaya a ser que cunda la idea de que aquello no fue tan malo, de que la República la destruyeron los republicanos y no un golpe militar, de que no hay otro futuro para nuestro país que el autoritario. Recordemos que, hace un año, Tertsch, con el apoyo entusiasta de la tropa de OKdiario, corrió a Bolivia en busca de emponzoñar las relaciones de Bolivia con el gobierno español de coalición y encontrar pruebas de la financiación masista de Podemos y fue muy aplaudido por los golpistas bolivianos.

En balde, claro, pero bastaba el titular de la noticia bomba. Las pruebas sobraban y sobran, en ese y en otros casos. Lo que importa es el daño mediático que se consiga de inmediato. Si luego no hay condenas ni procesos, no se informa, silencio. La acusación es la noticia, no lo es la ausencia de pruebas en las que se sustenta esta o la prisión incondicional de gente que se ve muchos meses después en la calle sin pasar por procedimiento alguno. Marlaska sabe de esto. Periodismo gubernamental del tercer milenio. Lo vemos a diario.

El tiempo corre a favor de los granujas que cuentan con ello. Terstch y su tropilla consiguieron colaborar con el golpista Murillo en la bulla armada frente a la residencia diplomática mexicana donde siguen refugiados políticos del último gobierno de Morales, con gran lujo de cámaras. Poco les importaba a estos patriotas echar leña al fuego del odio popular antiespañol. Murillo, ese siniestro personaje a quien ahora se le van a acumular los procesos y es probable que ponga tierra de por medio. Qué asombrosos titulares los de hace un año con Bolivia y Podemos como asunto vago de fondo, qué reportajes de altura los de OKdiario y qué miseria la de los que dan cuenta de manera cicatera del rotundo triunfo del MAS en las últimas elecciones bolivianas, las que castigan un año de abusos, mal gobierno y peor leche.

II A Cristina Fallarás le agreden y acosan en su propio domicilio, no solo en las redes sociales, donde los insultos son habituales. Algo más que escraches lo suyo. Mal asunto que te marquen de manera furtiva la puerta, malo y viejo de siglos. Eso mismo, siendo la víctima un donfigura de la derecha, hubiese armado ya el alboroto preceptivo y la ruidosa profecía del fin de la democracia. En el caso de la Fallarás se toma como una anécdota, una bagatela, un caso aislado, pero no es así. No son casos aislados porque las agresiones verbales menudean y no son pocas las físicas, ni despreciable el acoso verbal, de barrio, domiciliario. Siembran miedo para recoger sumisión y silencio, para amedrentar, más en el caso de la Fallarás que les toca las narices bien tocadas, y a diario. Es el anuncio de unos nuevos tiempos que son viejos, el del volverán banderas, que ya han vuelto, que ya engordan.

III Tiene miga escribir de estas mugres el día que ha fallecido un txapelaundi de verdad, es decir, una persona de corazón tan grande que lo olieron hasta los criminales del río de las tinieblas: Javier Reverte, escritor, querido amigo, gente modesta y ambiciosa en lo humano, y cuya existencia reconforta: no todo es mugre, ni fascistas ni matones embozados de una cobardía moral de campeonato, no todo es, ni mucho menos, mala gente que va apestando la tierra. Un día, en el Berdin de Argüelles, me dijo que lo único que lamentaba, no era el no llegar con sus pasos de vagamundos a todos los rincones de la tierra, sino no poder escribir como Dickens.