La vida que dejamos atrás
Fue Milan Kundera quien escribió, en La ignorancia, que “la vida que dejamos atrás tiene la mala costumbre de salir de las sombras”. No hay losa que cubra los restos más gruesos del pasado ni que garantice la inmunidad eterna de los acontecimientos y de sus protagonistas. Siempre aparecerá un recorte de prensa, la hoja de un libro o el eco de un aniversario para refrescar la memoria. Eso o las declaraciones inapropiadas de un político empeñado, como muchos otros en los últimos tiempos, en reescribir la historia.
Ha dicho Iñaki Oyarzábal, secretario de Justicia, Derechos y Libertades del PP, que los acontecimiento del 3 de marzo de 1976 en Vitoria, que la muerte de cinco trabajadores que estaban encerrados en una iglesia, fueron consecuencia no de los disparos indiscriminados y al bulto de la Policía, sino una actuación de los agentes en defensa propia. Hay declaraciones que consiguen un efecto contrario al que persiguen y estas son un buen ejemplo. Pone Oyarzábal de actualidad unos sucesos que terminan señalando al entonces ministro de Interior, Rodolfo Martín Villa. Una responsabilidad no juzgada nunca ante un tribunal, otra palada de tierra sobre la historia que unos pretenden ocultar y otros reinterpretar. Flaco favor le ha hecho Oyarzábal a Martín Villa, ahora también en el punto de mira de la Interpol argentina como uno de los presuntos responsables de crímenes franquistas y para quien ordena la detención preventiva para su posterior extradición.
Habrán transcurrido casi cuarenta años, pero el pasado vuelve para exigir no una revisión sino el esclarecimiento de los hechos, el reparto de responsabilidades y limpiar la memoria de los asesinados porque asesinados fueron y no víctimas de accidente laboral. Porque si no se va poniendo negro sobre blanco en las páginas imperfectas de la historia, cualquier día de estos nos desayunamos con que un político local interpreta que los sucesos de los Sanfermines de 1978 no fueron sino una actuación policial en defensa del orden público y que a Germán Rodríguez le disparó un correligionario y se queda tan ancho. Aunque a Martín Villa tampoco le haría mucha gracia porque, casualidades de la historia, él también era en ese momento ministro del Interior. Y es que hay personas que nunca podrán despojarse de la vida que dejaron atrás.