Salvad el muro de Potasas
Me congratula no ser el único que asiste con preocupación al silencio levantado en torno al intento de derribar el enorme muro que queda como vestigio de las minas de Potasas. Ya intenté argumentar aquí hace unos meses que en las tripas de esa mole de cemento está escrita la historia de una parte sustancial del desarrollo industrial de Navarra y del nacimiento de importantes movimientos sindicales y políticos. Que donde los ojos ven un paredón sin mensaje artístico y hasta es posible que sin ningún otro interés, para quienes hemos crecido a su sombra es una parte indisoluble del paisaje, un elemento identificador de esa parte de la Cuenca de Pamplona como lo es el Acueducto de Noáin, que también quisieron hacer trizas en su día. Voces mucho más cualificadas que la mía, como la del arquitecto Ramón Garitano, han expuesto los motivos de su rechazo al derribo.
Como todo, estamos, en primer lugar, ante un problema económico. El deterioro del enorme paredón es evidente, hay escombros en la zona y no falta quien observa un riesgo de derrumbe. Las instalaciones son propiedad de POSUSA, empresa de capital público. El derribo no resultaría barato; al parecer, y según fuentes autorizadas, se baraja un presupuesto cercano a los 70.000 euros. No está cuantificado lo que supondría realizar obras de adecuación, reforma y mantenimiento, entre otras cosas porque nadie de la parte interesada se ha preocupado de ello. Siempre es más fácil meter la piqueta, tirar de excavadora y fin del problema.
Pero, ya digo, tanto como los planes dinamitadores de POSUSA me inquieta el silencio. Me parece importante que alguna voz autorizada del Servicio de Patrimonio Histórico del Gobierno de Navarra se pronuncie. Que escriban más arquitectos, más expertos y hasta aquellos a los que esa mina dejó una huella en su vida. Porque no hablamos de viejos cascotes, hablamos de historia, de industria, de pueblos y de gentes.