el enfermo terminal Daniel Fleetwood no quería morirse sin visionar la última entrega de Star Wars y gracias al eco viral en las redes sociales le fue concedido su ferviente deseo en un pase privado. Desde la obviedad demostrada en los más o menos próximos fenecidos de que cada nuevo día perfectamente podría ser el último, haremos muy bien en soñar despiertos, planteándonos eso sí retos de cierta enjundia pero factibles -como el ya finado Fleetwood- para evitarnos la idiotez de frustrarnos a nosotros mismos. Porque cómo sentirse vivo sin el afán por amejorarse, lo que aconseja no perder el tiempo en envidias ni rencores, y sin un interés por experimentar, por descubrir nuevas emociones extrayendo también enseñanzas de los ineludibles episodios de dolor. En contra precisamente del hedonismo imperante centrado en lo material, la experiencia acredita que en la generación de placer cuenta al menos tanto la actividad en sí que lo provoca como con quién se comparta, una evidencia que debiera llevarnos a aparcar esa introspección insana que impide el conocimiento de gente estimulante, cuanta más mejor. Con la prevención de que el excesivo refinamiento puede resultar contraproducente, pues no hay mayores gozos que los cotidianos. Nótese que no necesariamente rutinarios e inclúyanse entre esos deleites los libros que merecen ser leídos, las músicas que nos crujen por dentro, los manjares que suscitan hasta el llanto o la práctica deportiva, sea en vertical o en horizontal, esta segunda modalidad en pareja como mínimo. Esa reivindicación del gusto por lo sencillo se cimenta en los recuerdos de la infancia, en aquellos instantes de dicha sólo con clavarse espigas en el jersey, o con juegos arcaicos como las canicas o el hinque, o con la simple manipulación del fuego y del mercurio de los termómetros, o con el mero inicio de las películas de dos rombos. La cuestión es que no nos incluyamos entre aquellos congéneres dispuestos a cualquier cosa menos a vivir aquí y ahora, como dejó dicho John Lennon, a partir de la lúcida premisa de que no es más feliz quien más tiene sino quien menos necesita.
- Multimedia
- Servicios
- Participación