El órdago de Iglesias
rajoy respira ya tranquilo tras lograr la aprobación de los Presupuestos para 2017 a base de una considerable ración de trágala político y del reparto de un puñado de miles de millones de euros entre sus, ahora, socios coyunturales. Logra así estabilidad para llegar a la recta final de la legislatura (en el peor de los casos puede prorrogar las cuentas el año que viene) manejando los tiempos para convocar elecciones a su conveniencia. Mientras tanto, verá desde la barrera la despiadada lucha por el control de la oposición. Pablo Iglesias ha querido jugar de largo con la presentación de una moción de censura -que se debatirá el próximo martes- contra un Rajoy que no hay semana que no se lleve un soponcio con algún escándalo de corrupción. Ha querido acaparar el protagonismo de fustigador principal contra las inmundicias en el PP y, de paso, chinchar a un PSOE enredado en su proceso de primarias y de refundación del partido. Quiso poner en un brete a los socialistas, en la confianza de que la sultana del sur se haría con el control del PSOE, pero el triunfo de Sánchez y la aprobación de los Presupuestos ha hecho que su moción de censura tenga poco recorrido y esté condenada al fracaso. Solo ERC y EH Bildu la apoyan abiertamente, e incluso su aliado Compromís duda de su oportunidad. Sumaría 82 votos frente a los 170 que tendría enfrente de PP, Ciudadanos y Coalición Canaria. Y se presupone que PSOE, PNV, PDeCAT y Nueva Canarias se abstendrían (98 votos en total). Escaso bagaje para una operación política destinada a sumar a los socialistas y dejar en evidencia la debilidad de Rajoy. El órdago de Iglesias se va deshinchando. Sin lograr nuevos apoyos, sin desvelar sus propuestas y con el calendario político trastocado en su contra. Y ni siquiera es secundado por Sánchez, el abanderado del “no es no” a Rajoy. La izquierda tiene ahora otro nombre propio para desbancar al PP del poder y la moción se ha diluido cuarenta días después de su anuncio. La estrategia de Iglesias para capitalizar el descontento ciudadano contra Rajoy puede volverse en su contra y evidenciar su incapacidad de tejer alianzas sólidas. En política también es peligroso si te pillan de farol cuando te marcas un órdago.