Estos días se han cruzado dos lemas en torno al euskera. Dales nuestro legado, dales euskera / Emaiezu hemengoa, emaiezu euskara, titulo de la campaña que el departamento de Memoria y Convivencia, Acción Exterior y Euskera del Gobierno de Navarra ha lanzado a través de Euskarabidea, y Euskara gara, lema de la 24 edición de la Korrika que unirá en marzo Atharrartze y Bilbo pasando por Iruña y por gran parte de Nafarroa.

Hay más actores institucionales y ciudadanos que Gobierno de Navarra y AEK en el tablero del euskera (de hecho también otros colectivos este jueves han presentado una campaña en favor de la prematriculacion en euskera) pero lo sustancial y el cambio de ciclo iniciado hace una década es que, con sus diferencias y debates, la acción institucional y el movimiento social reman en la misma dirección en gran parte de Navarra, con una sensibilidad notable hacia la lengua. Una lengua que, según el último estudio de Nastat, es conocida, entre quienes la hablan o la entienden, por casi 175.000 ciudadanos, que la tienen muy presente en su día a día.

Es decir, estamos ante una comunidad lingüística importante o al menos considerable. La recuperación de una lengua, en términos sociolingüísticos, tiene dos motores principales, dos fuentes de nuevos hablantes: o se aprende de pequeños/as o de mayores. O se aprende en la escuela o en los euskaltegis. De ahí la importancia del modelo D (y también del modelo A como transición) del sistema educativo que en breve abrirá su proceso de preinscripción. En paralelo y como línea complementaria, recientemente se conocían unos números positivos y esperanzadores del incremento de la matrícula en los distintos centros de educación de adultos. Todo confluye. Y más en un momento en el que hay que ver como oportunidades y no como amenazas dos fenómenos globales y actuales como es la inmigración y la digitalización. Siendo determinante y denunciable la injusticia legal anacrónica de dividir Navarra en zonas lingüísticas, parece imprescindible impulsar el concepto de comunidad por encima de la territorialidad.

Hay una comunidad de euskaldunes y euskaltzales que además deber ser inclusiva e incluyente con las nuevas generaciones y con las poblaciones de origen foráneo que como en otros momentos están llegando ahora a nuestra tierra. Y al mismo tiempo, sin bajar la guardia ante el efecto uniformizador de las nuevas tecnologías que priman las lenguas dominantes, hay que ver también en este mundo nuevas posibilidades para superar fronteras y barreras de todo tipo. La inteligencia artificial, ambivalente e inquietante también en este ámbito, puede abrir algunas puertas interesantes que hay que explorar. Por tanto, sí, el euskera es un legado vivo que hay que mantener y transmitir sin complejos mirando al futuro.