La guerra vuelve a demostrar que es el peor negocio posible para la economía global, por mucho que sectorial y coyunturalmente ofrezca parámetros beneficiosos para agentes muy concretos. Pero, analizando su impacto, el conflicto de Oriente Próximo encarece la deuda pública, erosiona la competitividad europea y desestabiliza el frágil equilibrio interno incluso en su promotor, Estados Unidos. El nuevo conflicto bélico en Irán ha disparado de nuevo el precio de la energía, con el gas europeo prácticamente duplicando su coste en apenas una semana y los barriles de petróleo Texas y Brenten el entorno de los 110 dólares, añadiendo una prima geopolítica que Europa paga directamente en su factura de importaciones. La correa de transmisión se entiende fácilmente: los suministros industriales se encarecen y la inflación energética devora márgenes empresariales y poder adquisitivo en Europa. Mientras Bruselas advierte del riesgo de un nuevo shock de precios, las bolsas europeas encadenan caídas.
En ese contexto, la prima de riesgo de la deuda vuelve a ensancharse. Los bonos del sur de Europa se financian a tipos sensiblemente más altos que hace un año, con spreads de 60–80 puntos básicos en España y por encima de 100 en Italia frente al referente alemán, que a su vez ha escalado al 2,8%. Esta referencia alemana deja de ser refugio barato porque el mercado descuenta que el BCE no podrá bajar tipos al ritmo previsto mientras el gas y el petróleo vuelvan a empujar al alza los precios. Más coste de financiación pública significa menos espacio fiscal para apoyar a una industria que añade una nueva energética encadenada a la de la guerra en Ucrania.
Al otro lado del Atlántico, la economía estadounidense acaba de destruir 92.000 empleos en febrero, justo cuando el petróleo vuelve a tensionar la inflación y obliga a la Reserva Federal a contener sus planes de bajadas de tipos. La combinación de bolsas en rojo, deuda más cara y empleo en retroceso dibuja un equilibrio cada vez más inestable. En este tablero, la guerra añade al insoportable dolor humano el impacto sobre las rentas tanto de los trabajadores como de las empresas hacia la volatilidad, encareciendo la deuda y debilitando las bases mismas de la competitividad de Europa e incluso del modelo económico estadounidense.