Dudas razonables

Los libros aparcados

28.04.2020 | 00:55

Esto es, en esencia, como ir al gimnasio o a nadar a la piscina que, como pagas una cuota fija, cuantas más veces vas más barata te sale cada visita: si te compras un libro que te cuesta 20 euros, cuantas más veces te lo leas más barata te saldrá cada lectura. Y como además lo relees porque te gusta, placer garantizado. Mi padre se lamentaba siempre de tener "memoria de pez", pero admitía que al menos le venía muy bien para sumergirse una y otra vez en las novelas del comisario Maigret, porque nunca recordaba los desenlaces.

Pero, claro, si ese libro de 20 euros te sale a 5 si te lo lees cuatro veces, ¿cuánto te cuesta el que no llegas a leerte? Si le preguntas a un matemático cuánto es 20 entre 0 te dirá que infinito, pero si le expones el caso concreto te dirá que ni te vengas arriba ni te pongas metafísico, que eso es simplemente 0 menos 20, es decir, -20 euros en tú bolsillo.

Y aquí quería llegar yo: a los libros aparcados. Dicen –y es cierto– que unas lecturas te llevan a otras, pero no es menos cierto que unas compras te llevan a otras, y que a veces, no sé bien por qué mecanismo mental, deja de apetecerte ese libro tras leerte las 80 primeras páginas o, peor aún, nada más comprarlo.

Estos días pandémidos y confinativos, hurgando en las estanterías de casa, me he encontrado varios (demasiados) de esos libros, algunos de los cuáles me costaron una pasta, y que fui dejando para una mejor ocasión que no llegó nunca. Y estoy hablando de novelas compradas en pesetas, algunas hace más de 30 años. Juro que en su mayoría son de literatos ilustres, pero a quién no se le atraganta o le da pereza una novela concreta, incluso de uno de sus escritores favoritos.

Estos días, casi como reto personal, he intentado abrir por fin, o darles una segunda oportunidad, a alguno de esos marginados. Aunque solo fuera por ir amortizando ese gasto inútil que aún me escuece. Pero me ha sido imposible acabarlos. Y mejor habría sido no intentarlo. Aparte del cargo de conciencia –la ley del pobre es "reventar antes que sobre"– te hacen preguntarte en qué momento raruno de tu vida te dio la venada de comprar semejantes muermos.