Dudas razonables

Cenas sin problemas

08.12.2020 | 00:40
Pescado expuesto en un puesto del mercado de Santo Domingo de cara a las comidas y cenas navideñas.

Cachondeo en el WhatsApp familiar con un chiste que circula por ahí: "Dicen que en Nochebuena se pueden reunir hasta diez personas sin problemas. No sé de dónde voy a sacar tantas personas sin problemas".

Cachondeo, claro está, hasta que caes en la cuenta de que, bien mirado, es algo tristísimo: vivimos en una sociedad en la que una persona sin problemas es un animal mitológico. Sí, vale, todos podemos señalar a alguien del que creemos que no los tiene, pero es imposible que ese alguien comparta esa opinión.

Quizás sea algo masoquista, o quizás un gen humano de la eterna insatisfacción que nos hace progresar, y tal y cual, pero el caso es que todos nos consideramos gente con problemas (y, por supuesto, los nuestros son realmente graves, no como los de los demás, tipos blandengues y pusilánimes que se ahogan en un vaso de agua).

Y lo peor de todo es esa convicción de que cuando de verdad no tenemos ningún problema nos empeñamos en crearnos alguno para sufrir. El comodín más socorrido en esos casos es el del futuro inquietante: "Todo me va más o menos bien, pero me va a pasar eso o aquello" (Mi padre, que era un hombre sin problemas –desde nuestro punto de vista, claro, no desde el suyo– siempre comentaba que se había ahorrado muchos disgustos al no sufrir por anticipado por algo que aún no había pasado y que luego no pasaba).

Y es que, frente a esas corrientes filosóficas que dicen que la felicidad es la ausencia de problemas –ermitaños, gurús y gente así de raruna y poco recomendable–, hay quien parece gozar sus problemas, revolcándose en ellos, deleitándose con sus aristas y sus matices... y contándotelos de arriba abajo si te pillan por banda, que eso es lo más placentero.

El caso es que no me veo yo, ni este año ni ninguno, en una cena de Nochebuena con diez personas sin problemas... Y dudo mucho de que me apetecería ir a semejante ágape chiripitifláutico, porque tanto azúcar debe provocar diabetes y porque compartir problemas con la familia y discutir soluciones (cuanto más disparatadas e impracticables, más te ríes de ellos, y la risa es puro bálsamo de Fierabrás) es la salsa de todo banquete memorable.

Es algo tristísimo: vivimos en una sociedad en la que una persona sin problemas es un animal mitológico.