Ikusi makusi

Que no nos roben los sueños

09.02.2020 | 00:41

Soñar es esencial para vivir. Tener sueños y alimentarlos. Soñar lo posible y lo imposible, dormida y despierta, como un ejercicio ilusionante, porque casi siempre asociamos el sueño con lo que nos gustaría alcanzar. Soñar despierta implica avanzar hacia tus deseos, querer algo distinto a lo que se tiene, algo mejor de lo que te ha tocado o de lo que en un momento concreto eres capaz de lograr. Las personas elegimos nuestros sueños, nuestros objetivos, aquello a lo que aspiramos y conseguirlo o no algunas veces, no siempre, depende de nuestra actitud. Soñar nos alimenta para seguir hacia adelante. Pero no siempre soñamos lo que queremos. Felices sueños, es lo que nos deseamos antes de dormir, Feliz vida es algo que deberíamos desearnos cada día al despertar. Y tratar de lograr ser felices con la vida que tenemos pero sin renunciar a cambiarla por una mejor. Hay noches demasiado oscuras como para iluminar deseos y hay días demasiado negros en los que soñar es un ejercicio inútil, porque lo único que realmente quieres es que cambie la realidad, que al despertar lo vivido no sea real. Ayer era el Día Mundial del Sueño, uno de esos días más que se suman a otras celebraciones en el calendario. Fecha para arrojar datos que nos hacen pensar, como que más de la mitad de las personas no duerme bien, demasiados problemas, poco tiempo, estrés, mucha pantalla... pero no entraré ahora en el dormir sino en el soñar. Ayer fue también uno de esos días en los que al despertar deseas que alguna de las noticias que has escuchado no fuera realidad, sino un mal sueño. Que las palabras de Casado, en las que hablaba de retrasar la expulsión de las mujeres inmigrantes en situación irregular si dan a sus hijos en adopción, no existieran, o lo que es mejor, que no existieran hombres y mujeres capaces de pensar así en pleno siglo XXI. Él dijo luego que era una fake news. Demasiado tarde. Olvida el PP que esas mujeres son personas que un día tuvieron dos sueños en su vida, tener un hijo y procurarle una vida mejor, para lo cual han tenido que abandonar sus países. Soñaban con la vida a la que tienen derecho y nadie, ningún partido político, debería ser quién para arrebatarles sus sueños. Escucharles ha sido como retroceder en el tiempo pero sin la computadora cuántica de los rusos; retroceder a un tiempo gris, oscuro, denso, casi tan negro como las peores pesadillas.