Editorial

Pan hoy que puede ser hambre mañana

02.04.2020 | 00:30

La asunción por Madrid de las cuotas para formación profesional para financiar otras medidas es otro paso atrás recentralizador y puede ser a corto plazo un problema añadido para los sectores más vulnerables del desempleo

la inclusión por el Gobierno Sánchez en el real decreto de medidas complementarias en el ámbito social y económico para hacer frente al COVID-19 –publicado ayer en el BOE– de una disposición que permite destinar la cuota para formación profesional para el empleo que pagan empresas y trabajadores a financiar no dicha formación, sino cualquier prestación del sistema de protección por desempleo supone en la práctica la sustracción a la gestión por las comunidades autónomas de 2.414 millones de euros. En el caso de Navarra, la aportación del Estado –la Comunidad Foral aún tiene pendientes de transferir las competencias globales de las políticas activas de empleo– en 2019 fueron más de 20 millones de euros, una cantidad que gestiona el Servicio Navarro de Empleo y que este año aún estaba pendiente de negociar con Madrid. Tanto o más grave, sin embargo, es que ignora herramientas alternativas de financiación que no exigen sacrificar la formación para el empleo para el pago de las nuevas medidas contra el desempleo. También, que realiza una reforma encubierta, sin consenso ni negociación y de forma exprés de la Ley del Empleo, tal y como quedó redactada en 2015 y lleva a cabo una nueva recentralización, en este caso de un ámbito social de máxima sensibilidad. La medida puede entenderse, más allá de ese paso atrás político hacia posiciones centralizadoras, a corto plazo para afrontar los costes económicos y financieros de los planes de rescate social que se han puesto en marcha en el todo el Estado –Navarra desde sus capacidades de autogobierno– para afrontar las consecuencias sociales y laborales de la pandemia del coronavirus. Pero no deja de ser un salto hacia adelante que puede convertirse en poco tiempo en un problema añadido para los sectores más vulnerables –también afecta las pequeñas empresas que asumen ahora el ámbito de la formación para el empleo–, la sustitución de políticas activas de empleo por medidas de gasto pasivas si no se recuperan las primeras. La formación para el empleo y la orientación laboral son herramientas útiles para la inserción laboral. Si se confirman las malas previsiones para el empleo en este marzo –Navarra conocerá hoy los datos–, parece una obviedad que las personas sin trabajo o que lo estén perdiendo como consecuencia de la crisis del coronavirus van a necesitar antes que después de esas herramientas para incorporarse al mercado laboral lo antes posible. Y las políticas activas de empleo parecen una clave.

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