Editorial

Fractura en el osasunismo

08.12.2020 | 00:39
Luis Sabalza, presidente de Osasuna.

La artera maniobra de la directiva de Osasuna para garantizarse una mayoría de compromisarios que respalden sus objetivos ha generado enfrentamientos indeseados entre la masa social y avisos de impugnación

la elección de compromisarios en el CA Osasuna deja un regusto amargo. Lejos de suponer un proceso para cerrar filas y fortalecer al club, el día después dibuja un paisaje de agrias discrepancias entre la masa social, de críticas hacia quienes han salido elegidos, y de reproches de estos a los que les censuran por alinearse junto a los dictados de una directiva cuya primera pretensión es perpetuarse en el cargo. También de reconvención a los dirigentes por utilizar la maquinaria del club para garantizarse la presencia de socios afines y tener a sus más próximos en la asamblea en la hora de controlar la toma de decisiones. Las coincidencias en varios millares entre los 33 nombres propuestos por el club y los 33 finalmente elegidos pone de manifiesto que los rectores han movido sus piezas y han involucrado en su causa a numerosos socios, excluyendo de cualquier opción al resto de aspirantes. Al hilo de los resultados, el presidente de la Federación de Peñas anuncia la posible presentación de una impugnación al observar supuestas deficiencias en el voto por correo. Así las cosas, estas elecciones han provocado una fractura en la masa social y una merma de confianza en la gestión de la junta directiva –Sabalza no salió presidente por los votos en las urnas sino por eliminación de candidatos– después de dos años de la llamada paz social. Ese interés desmedido, que levanta las lógicas sospechas por lo que pudiera perseguir al garantizarse una mayoría, retrotrae la memoria a episodios del pasado que parecían desterrados. Contrasta esto con la movilización e interés demostrado por grupos de socios no alineados con la dirección del club, preocupados por fomentar una gestión transparente y defender la identidad de Osasuna como un club propiedad de sus socios y alejado de esas sociedades anónimas que no tienen más alma que el dinero. Hay que suponer que quienes han salido elegidos sostendrán a capa y espada la idiosincrasia del club, todo aquello que le ha ayudado a sobrevivir cien años, por encima de posibles recomendaciones de lo que haya que votar en la asamblea; que por encima de un interés particular, defenderán siempre lo que es mejor para Osasuna. Aún siendo democrático el sistema de elección, visto lo visto quizá hubiera que buscar una fórmula más abierta y menos intervenida, que pusiera un filtro a la presencia organizada de grupos de presión y propiciara una representación más plural. Como siempre ha sido y es la masa social de Osasuna.

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