La solidez industrial de Navarra se ha visibilizado en los últimos meses en las inversiones millonarias ejecutadas y anunciadas. La fabricación del primer vehículo eléctrico en la planta de Volkswagen en Landaben es un hito que acompaña la inversión de la compañía y su apuesta por el futuro en la Comunidad Foral, que se ha demostrado como un territorio capaz de gestionar con agilidad las propuestas que recibe. La puesta en marcha de la planta de baterías de Hyundai Mobis, en apenas dos años, ha sido uno de los aspectos que más ha valorado Hithium para decantarse por la Comunidad Foral. Todo ello y decenas de iniciativas más demuestran que el ecosistema foral no solo resiste la transición ecológica y tecnológica, sino que puede ser su vanguardia. El modelo de autogobierno y política industrial propios, sumado a la colaboración público-privada, es atractivo para proyectos de alto valor que benefician a todo su entorno. Solo por ello, Navarra debe aprobar en esta legislatura una nueva ley de Industria que ponga una autopista legal ágil a quien desee invertir: el resto de territorios no permanece quieto y la Comunidad Foral maneja un esquema, el de proyecto de interés foral, que necesita ser actualizado y completado.
En ese marco, cobra de nuevo relevancia la saturación de las infraestructuras de transporte y conexión energética. La red eléctrica actual está al límite de su capacidad. Sin redes robustas, digitalizadas y con subestaciones preparadas para absorber la nueva generación renovable y la desbocada demanda de la electrificación industrial, el riesgo de perder inversiones estratégicas en favor de otras regiones es real. A los esfuerzos locales debe acompañar la planificación estatal que garantice la potencia que exige la industria del mañana.
Este desafío trasciende nuestras fronteras administrativas. El desarrollo del Arco Atlántico exige unir fuerzas en defensa de la macrorregión europea. Frente a la pujanza del eje mediterráneo o de Centroeuropa, el Atlántico necesita voz propia en Bruselas para priorizar sus demandas de infraestructuras ferroviarias, logísticas y, sobre todo, de interconexión energética. Carecer de presencia puede relegarnos a una periferia desconectada. Empieza a ser imperioso poder defender la soberanía económica en los debates estratégicos de la Unión Europea.