La lógica
A veces parece que todo es una farsa, lo sé. Y lo es, claro. Pero no nos lo queremos creer. Es muy curioso. De hecho, es más curioso aún: sabemos que todo es, en el fondo, una farsa, pero nos esforzamos en aparentar que lo ignoramos. Ansiamos el sentido, esa es la cuestión. Supongo que lo necesitamos para algo. Lo que pasa es que, entonces, si no lo hay, si no hay un sentido, ¿por qué lo buscamos?, Lutxo. ¿Por qué lo necesitamos tanto?, me pregunto a veces, cuando me siento perdido y solo, después de ver el telediario de la noche, viejo amigo, le digo. Y me suelta que esa es la típica cuestión de sentido común.
Pero, bueno, estamos ahí, Lucho y yo, en la terraza del Torino, un día más, viendo pasar la vida con su invernal escatimar, huidiza y grisácea como una rata, y de repente, aparece por Chapitela una chica en bicicleta. Sexagenaria, no obstante. Y dice Lucho: ¿Falta mucho para la primavera? Con ojitos de pillo. El viejo y reseco endriago de los páramos. Así que le digo que a nosotros se nos han acabado las primaveras. Pero, por supuesto, él dice que no está de acuerdo. Él cree que aún nos quedan muchas. En todo caso, si la existencia es una farsa, cada cual vive cautivo o cautiva en la suya. No sé si me explico: búscate una bonita. Un relato que te guste. Para ti. Crea tu farsa. Decía Marco Aurelio: talla tu máscara. Uno nunca acaba de tallar su máscara. Mira a Donald Trump. A punto de cumplir los ochenta y aún no ha acabado de pulirla. Ni de abrillantarla y perfumarla.
A semejante máscara dorada insufrible tendrán que quitarla de ahí quienes la han colocado. Supongo que, de algún modo, habrá que impedir que se lo cargue todo. Es lógico. Lo contrario, yo no lo entendería. Aunque, ya tengo una edad y puede que mi lógica se haya quedado obsoleta, claro, Lutxo, viejo gnomo, le digo. Y me suelta: Esperemos que sea para bien.
