Un año más nos ha vuelto a sorprender la nieve a todos. Ya nunca más voy a fiarme de las predicciones de temporal porque cuando las anuncian a bombo y platillo no cae ni un solo copo, y cuando, como es el caso de ayer, dicen que es probable que nieve, me echaré a temblar. Pondré las cadenas al coche, sacaré las botas de esquiar y me prepararé para afrontar una gran nevada. Porque es que no aciertan una.
De cualquier forma, es una vergüenza que ayer por la mañana, en medio de la gran nevada que caía sobre Pamplona, me costara 45 minutos acudir a mi trabajo (normalmente me cuesta 15). Y todo por la poca previsión que hizo que las carreteras estuvieran impracticables.