El martes 21 un ciudadano de bien se quejaba del susto que se había llevado al encontrar una multa, que resultó ser falsa, en el parabrisas de su coche. Susto y alivio. Pero se enfadó con los mensajeros que habían colocado las multas. ¿Por qué no se enfadó con el Gobierno de Navarra que le va hacer pagar una cantidad muchísimo mayor para pagar las obras del TAV? Y ¿para qué? Para que unos pocos puedan ahorrar unos minutos en sus viajes a Zaragoza, Madrid o Barcelona. Y mientras, recortes en las ayudas sociales, en la sanidad, en los servicios públicos... Los políticos españoles alardean de ser el país con más kilómetros de líneas de alta velocidad, mientras somos uno de los países con más altas cifras de paro, de precariedad, de especulación y de corrupción. ¿Por qué no solicita a las autoridades una explicación real de los auténticos intereses que hay detrás de esta macroobra? ¿Quizás porque ya sabemos que esto sería como pedir peras al olmo?