El alcohol en la conducción es delito aunque no haya ninguna infracción de tráfico y por tanto ni una sola gota de sangre. Paradójicamente, en caso de asesinato, no sólo no es delito sino que es atenuante.

Yllanes, criminal de Nagore, pertenece laboralmente a la Clínica Universitaria. No me extrañaría que algún profesional de pacotilla pensara que este crimen fue una riña entre amigos. El veredicto depende de la posición social de los implicados. Si queremos justicia popular, nos toca ejercerla a los pamploneses liderados por las mujeres más comprometidas, por el recuerdo de Nagore, y como merecido descanso de su familia, que tan loablemente ha luchado hasta el final.