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El barrendero

Oficio tan respetable o incluso más. Ese era su oficio, el de Jesús María. Me enteré al regreso de vacaciones de su fallecimiento, aunque ya todos los vecinos sabíamos de su enfermedad.

Cada mañana: "¿Qué tal? Ayer Osasuna, bien. Patatín, patatán". Nunca faltaba al saludo de todos los vecinos en la calle donde trabajaba, con calor, frío, nieve, etcétera. Ahí estaba Jesús Mari.

Bonachón, buena gente. Ayudaba a nuestros padres, madres, abuelas, abuelos, a cruzar el paso de peatones dejando su escoba junto a su inseparable carro de limpieza. Siempre sonriente, alegre. Así era nuestro barrendero (cariñosamente y como popularmente se les conoce).

Desde aquí, que sepas José Mari que siempre te recordaremos. Y a su mujer e hijos, nuestro más sincero pésame de parte de todos los vecinos de su barrio: la Rochapea.