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Inflación de sobresalientes

Inflación de sobresalientesEP

La educación vive una verdadera inflación de sobresalientes en Bachillerato. Se han duplicado en una década y, a la vista de los resultados de la prueba europea de PISA, resulta difícil creer que este crecimiento responda exclusivamente a una mejora en el rendimiento del alumnado.

Sucede en todas las comunidades –de hecho Navarra se encuentra entre las más modestas a la hora de calificar–, siguiendo un patrón similar: la subida se produjo antes y ha sido más acusada los privados y en los concertados que en los públicos, que decidieron comenzar a puntuar con más generosidad cuando vieron lo que se hacía en los coles de pago, aunque sea voluntario. Y bastaba con mirar los datos de otras comunidades para comprender que se están logrando ventajas donde no deberían darse.

Al parecer, desde Aragón, Murcia, Extremadura o Canarias llega una verdadera generación de genios: casi uno de cada tres alumnos de centros concertados y privados logra sobresaliente. También lo hacen mejor en su EVAU, que por supuesto es distinta a la de Navarra, Madrid o la CAV. Y, de resultas, logran una nota media muy superior.

No es una cuestión local, ni afecta únicamente a la educación no universitaria. Harvard se ha propuesto limitar el número de sobresalientes, tras haber alcanzado nada menos que un 79%. Es, simplemente, la lógica del peor mercantilismo operando a toda máquina y sin cortapisas, también en algo tan vinculado a la igualdad de oportunidades como la educación.

Hoy, quien estudia, ya no solo aspira a obtener un capital intelectual que lo forme; también desea un capital curricular que le sitúe en cabeza a la hora de elegir carreras de elevadísima nota de corte; y finalmente, persigue un capital relacional que le permita disponer de los contactos adecuados para ascender cuando se incorpore al mercado laboral. Alumnos convertidos en clientes y un número creciente de universidades chiringuito. Una triste devaluación.