Can y la Federación Vasconavarra de cajas

08.02.2020 | 17:38

Parece que la Comisión Investigadora del Parlamento de Navarra sobre Can está acabando su trabajo y da la impresión de que no ha generado grandes expectativas. Navarra ya ha sido despojada de su institución financiera propia más importante, y además se le están agotando prácticamente los cauces para reclamar responsabilidades.

En la Comisión Investigadora parlamentaria únicamente se han analizado cuestiones de los últimos tiempos; en mi opinión, por desgracia. Algo parecido sucede con los dos libros de difusión general dedicados a este tema; El banquete de Intxusta-Gil-Zamora; y Can, eta hemen ez da ezer gertatu de Senar. En ambos libros se dedican muy pocas líneas a la historia y evolución anterior al último despilfarro; y ello solamente, en tanto en cuanto tuviere alguna relación con los sucesos recientes. No se han tomado en consideración, ni se le han sacado las consecuencias de lo ocurrido en las últimas tres décadas y media anteriores. Algo parecido a lo que ocurre y se efectúa en los procedimientos judiciales.

He aquí pues, al objeto de entrar en harina, dos preguntas y dos afirmaciones tan aparentemente arrogantes como duras. ¿Por qué resultaron protagonistas principales en los últimos momentos de la extinta Can unos y unas políticos, que ostentaban el poder del régimen en aquel momento? ¿Por qué no se tomó en cuenta a la Federación Vasconavarra de Cajas de Ahorro, que tenía más de cien años de funcionamiento? Y he aquí las dos afirmaciones: Can fue gestionada al margen de la ley y de la ética desde los primeros años de la década de 1980, con la excusa del Fuero y de que Navarra es cuestión de estado. Can, que era una entidad financiera pública de Navarra, se gestionó como si fuese privada sin dueño.

Pongamos sobre la mesa algunos datos:

En 1976 con ocasión de renovarse los estatutos de la Caja de Ahorros de Navarra, el procedimiento utilizado fue el de hacerlo mediante un acuerdo con el Ministerio de Hacienda; y a eso se le llamó convenio y se le otorgó gratuitamente el rango de carácter foral, como excusa y utilización de los fueros para manejar el tema al margen de la normativa general.

En 1979 el vicepresidente económico del Gobierno Suárez, Fuentes Quintana, dictó un primer decreto de despolitización de los órganos rectores de la cajas, el cual fue acatado por todas la entidades, incluido por la cajas del resto de Vasconia, menos en Navarra. La excusa formal para dicha desobediencia fue la tramposa monserga de que los estatutos de una de las dos Cajas de Ahorros de Navarra eran de carácter foral y convenido, aunque la razón de fondo por la que se consentía tal actitud por el centralismo era lo de la cuestión de estado de Navarra. En el Estatuto de Navarra de 1981, que es la Lorafna o Amejoramiento, en su Art. 56-1-F (que sigue en vigor) se otorga a Navarra la competencia exclusiva en materia de cajas de ahorros. Nunca se ha cumplido dicha ley utilizando para ello la falsa monserga de que los estatutos de 76 de la Caja de Navarra (anteriores a la Constitución y al Amejoramiento) requerían para su modificación otro convenio, no reconociendo por tanto la máxima condición foral al Amejoramiento.

En 1987 se aprobó y promulgo la Ley Foral 7/87 de 21 de abril de Órganos Rectores de la Cajas de Ahorros, que fue desarrollada por un decreto foral. Dichas normas estuvieron vigentes hasta 2014, pero que el régimen de UPN-PSN nunca las cumplió. El pase foral era utilizado para redondear salarios de cargos políticos, igual que los sobres del PP, los cuales no eran incompatibles. Puedo incluso dar testimonio de que en la Caja de Ahorros Municipal se preparó una renovación de estatutos conforme a la Ley y Decreto del 87, pero se recibió del Gobierno de Navarra la orden de parar y todo siguió igual hasta el descalabro.

La Ley Foral 2/2014, hecha al dictado del Ministerio de Hacienda y Banco de España echó por tierra todas las falsedades urdidas y aprovechadas durante decenios, como la de que la Caja de Ahorros de Navarra era un ente privado y no público. No cabe aberración más ridícula por parte de quienes nunca fueron capaces de decir quién era en tal caso su dueño privado. El hecho es que se sentaron al banquete y el mayor escándalo es el que Goñi, Sanz y compañía estén en consejos de empresas de La Caixa, la entidad beneficiada con la ganga.

La única manera de que las navarras y navarros hubieran podido seguir teniendo su Caja era la de aprovechar el ámbito del entorno económico de la Federación Vasconavarra de Cajas de Ahorros, que provenía de hace 100 años. Pero el régimen del navarrismo no fue el único culpable, pues también el Bizkaitarrismo, o mejor dicho Vizcainismo, que es la otra cara de la misma moneda, prefirió comprar la ruina de la caja de los canónigos de Córdoba, mientras los iluminados de Can se enredaban con Cajasol. La razón por la que la BBK no quería fusionarse con Can era que entre Vital, Kutxa y Can la hubiesen superado y recientemente el actual flamante presidente de Kutxabank, señor Villalabeitia, ha vuelto a echar a rodar la miseria de que Kutxabank es privada. Mal presagio cuando los iluminados empiezan con esa monserga que no significa más que su deseo de privatizar para que luego camine por los mismos andurriales en que ahora anda Euskaltel, bocado que se lo acabará comiendo algún tiburón bursátil, por desgracia.

La historia de la desaparición de Can, convertida en un escaso 1% de La Caixa y motivo de los agradecimientos por la ganga, no hubiese sido así si se hubiera mirado al ámbito económico lógico y que coincide con el histórico.

El autor es abogado