Ni un paso atrás frente al fascismo

08.02.2020 | 18:02

si algo debe hacer la izquierda es decir la verdad. Decir lo que piensa, lo que intuye, lo que desea y lo que está dispuesta a hacer para mejorar la vida de la ciudadanía. En lo que me concierne, quiero mostrar nuestra preocupación por los tintes que está adquiriendo esa involución en el Estado español a la que nos hemos referido repetidamente estos últimos meses. Una involución de carácter antidemocrático cuya función sería aniquilar los derechos sociales y nacionales para preparar el terreno a unas medidas antisociales brutales, casi inimaginables hoy en día, para hacer frente a lo que más que una nueva crisis es el fin de un ciclo económico y hasta del propio sistema capitalista en su actual configuración. Una involución que bien pudiera dar al traste con los derechos individuales y colectivos que tanto esfuerzo, sudor y lágrimas ha costado conseguir a muchas generaciones de personas.

Esa ola neofascista recorre Europa y todo el mundo, pero en el Estado español adquiere unas características muy concretas por su propia historia y por la ausencia de una ruptura democrática con el franquismo. Porque el problema no es sólo Vox, Cs, o el PP. El problema es el Régimen del 78, ese que surgió de la mal llamada Transición democrática. El problema es la propia idiosincrasia del Estado español, que a cada crisis, a cada demanda de derechos de los pueblos, o a cada intento de frenar la deriva neoliberal, responde con los argumentos de siempre: la fuerza y la sinrazón.

Comparto plenamente la preocupación de la mayoría de la ciudadanía navarra ante la mera posibilidad de la vuelta del Régimen a la gestión de las instituciones navarras. De por sí ya sería suficientemente grave y pondría en riesgo todos los avances de los últimos años. Pero además sabemos que el fascismo es el turbo y la gasolina del Régimen que ha gobernado en Navarra desde el 36 hasta el mismísimo 2015, con alguna rara y breve excepción. Sabemos también de su sed de venganza, por lo que nos hacemos una idea muy concreta de lo que supondría para una mayoría social.

Muchos de los acontecimientos recientes y el discurso de los adalides del Régimen buscan crear un ambiente propicio para ese intento de retomar el control de las instituciones y vuelta a los pasajes más oscuros de la historia de Navarra. Es más, viendo el cariz que van tomando las cosas y los posibles socios de UPN en ese desesperado intento, lo que estaría en juego no serían sólo que las cosas que afectan a Navarra se decidan en Navarra, sino la propia existencia de Navarra como Comunidad Foral. Sería un final de viaje sorprendente para UPN, cuya razón de ser como formación política supuestamente estaba basada en su defensa.

Al fascismo se le hace frente con un proyecto de país, pensando y actuando como pueblo. El Régimen y su ofensiva actual tiene en la unidad de España su instrumento para poner la alfombra al neoliberalismo. Nosotras, en cambio, planteamos la recuperación de nuestra soberanía para hacer frente al neoliberalismo y avanzar en la construcción de un modelo social justo. Un modelo a construir, con los pies en la tierra y los sueños en nuestro caminar.

Al fascismo se le responde en cada momento histórico de una manera concreta. En estos momentos entendemos que debemos responder articulando mayorías sociales. Mayorías conscientes y activas para hacerle frente y capaces para construir nuestro propio proyecto y modelo. Por eso apoyamos y participaremos en la movilización del día 23 de febrero, porque creemos que es un paso importante para tomar consciencia de los retos venideros.

En ese sentido las elecciones de mayo son un reto muy importante. Porque si bien es cierto que revalidar el cambio, derrotar también en las urnas al Régimen, no nos da garantías para hacer frente a ese fascismo renovado, es evidente que lo haríamos en unas condiciones mucho más favorables. El cambio, su continuidad, no garantiza de por sí que los derechos de los y las trabajadoras vayan a ser respetados y las condiciones de vida mejoren, pero posibilita un marco en el que las condiciones y los instrumentos para hacerlo nos sean muchísimo más favorables.

Sabemos por otra parte que representantes de ese triunvirato neofranquista se van a pasear por nuestras calles en los próximos meses a modo de provocación y para crear un clima de tensión. A esos tenemos algo claro que decirles: en Navarra somos los navarros y las navarras quienes decidimos. Nadie debe tomar decisiones que nos compiten, ni estos derechosos recalcitrantes, ni los del marzazo o el agostazo. Que mucho han tenido que ver el PSOE y su sucursal navarra en el apuntalamiento del Régimen en Navarra durante décadas. En cuanto a los Abascal, Casado y Rivera, no pintan absolutamente nada aquí, y poco o nada nos importan sus escapadas propagandísticas.

Pienso también que al fascismo se le responde desde la calle, hay que ir más allá en esa reflexión. No salimos a la calle solamente para responder a los fascistas. Salimos porque somos ciudadanía navarra consciente, de nuestros derechos, de nuestros sueños y de nuestros compromisos. Con la misma claridad quiero decir que tampoco vamos a aceptar sus incursiones provocadoras y saboteadoras de iniciativas en defensa de derechos. No buscamos la confrontación, pero no toleraremos sus agresiones.

Hacer frente al fascismo es también garantizar y profundizar el cambio. Podemos pasar días y meses discutiendo sobre los valores y numerosas aportaciones del cambio, también de sus deficiencias. Aunque si algo tenemos claro es que sólo en estos años Navarra y, especialmente, Iruñea, se están convirtiendo en referencia por los avances en muchos temas sociales. Pero sobre todo, en lo que debemos centrar nuestras energías en estos momentos es en reeditar el cambio, en hacerlo en mejores condiciones y desde esa idea de bastión frente a la agresión más que previsible que fija ya sus ojos a este lado del Ebro.

El autor es coordinador de Sortu en Nafarroa