PSOE: un ‘pokiko’ de historia (I)

09.02.2020 | 22:47

Los hay que, instalados sobre suelo quebradizo y con el tejado -desde hace décadas- a merced de la colaboración de los vecinos, tienen a bien erigirse en lo que les hubiera gustado ser y no son. De ahí -en mi opinión- lo oportuno de conocer quiénes son de verdad aquellos que siempre están dispuestos a enarbolar su condición docta en ética política, que pretenden lapidar a quienes, además de desarrollar durante décadas una actividad política democrática, apoyada por los votos de cientos de miles de mujeres y hombres de Euskal Herria, supimos entender la actividad militar de ETA, y hoy, además de contribuir de forma determinante a la convivencia en paz, continuamos siendo lo que siempre hemos sido, vascos y no españoles.

Fundado en el año 1879, el PSOE se presentaba, al menos durante sus primeros años, con un programa de tipo revolucionario. Entiendo que hoy pueda extrañar, pero la posesión del poder político por la clase trabajadora o la transformación de la propiedad individual en comunitaria eran algunos de sus postulados.

En aquellos tiempos -últimas décadas del siglo XIX-, el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) desplegó una intensa actividad propagandística en toda la zona industrial y minera de Bizkaia. En esa época era evidente la formación verdaderamente vertiginosa de nuevas clases sociales y el ambiente no podía ser más propicio.

Masas de trabajadores desarraigadas de su entorno natal -vascos y no vascos de origen- y sometidas a unas condiciones de vida totalmente vejatorias, por fuerza tenían que simpatizar con cualquier movimiento que atendiera su situación y que, además, intentara organizarlos.

Así, el proceso de implantación del PSOE en Euskal Herria fue jalonado por unos cuantos éxitos ya que, además de erigirse en representantes del movimiento huelguista, en el año 1890 obtuvieron concejales en el Ayuntamiento bilbaíno.

La expansión del PSOE y de la UGT al resto de Euskal Herria se dio paralelamente al desarrollo industrial. Así, en Gipuzkoa su feudo era Eibar -zona eminentemente industrial-, con pequeñas agrupaciones en Donostia e Irún. En Araba la presencia era muy reducida y en Nafarroa era notable, pero sólo en la zona media.

Considero oportuno subrayar que, en el PSOE, sus iniciales proyectos de transformación de la sociedad pronto dieron paso a una política conformista con la reforma democrática del Estado. Esto no es una mera afirmación, ya que es un hecho probado las buenas relaciones que algunas figuras del PSOE como Indalecio Prieto mantuvieron con oligarcas vizcaínos.

Esta adaptación del PSOE y de la UGT al marco burgués explica el activo colaboracionismo con la dictadura de Primo de Rivera, o la significativa ausencia de conflictos laborales en períodos ciertamente críticos de la clase trabajadora.

En lo que respecta al hecho nacional vasco, el PSOE mostró desde el principio planteamientos extremadamente viscerales, y no sólo contra el nacionalismo que vivía sus inicios, sino también contra el vasquismo en general.

Esa postura visceral se mostraba desde diversos frentes. Uno de ellos era el semanario La lucha de clases -fundado en Bilbo el año 1894-, en el que se vertían contenidos como estos: "el nacionalismo vasco se opone al universalismo socialista"; "en espera de la constitución de la patria universal el País Vasco debe reforzar los lazos que le unen con España", etcétera.

De esta forma convirtieron el euskara en reaccionario, idea ésta en cuyo desarrollo colaboró el resentido Unamuno. A pesar de lo dicho, quiero añadir que -por incrédulo que pudiera parecer- el PSOE utilizó el euskara con fines propagandísticos a partir del año 1901, lo que demuestra que el tan significativo movimiento pendular tan característico, tan suyo, no es nuevo en el PSOE, sino que está en sus genes.

Debo reconocer que el carácter burgués y clerical del nacionalismo vasco también fue objeto de sus críticas, lo que sin duda reconozco como más coherente. En esta línea, el PSOE llegó a afirmar que el surgimiento de los nacionalismos catalán y vasco no fue más que una maniobra del capital, tendente a desviar a la clase obrera de sus verdaderos objetivos.

De todas formas, y volviendo a su famoso movimiento pendular, el PSOE, a la vez que desplegaba una intensa actividad antinacionalista, se posicionó a favor de la independencia de Austria y Polonia, y, cómo no, del gran nacionalismo español. De cualquier forma, no debe olvidarse que, en aquella época, el vasquismo político económico se identificaba con la Diputación foral, una institución que, sin duda, apoyaba de forma evidente al empresariado.

En mi opinión, la faceta del PSOE -de aquella época-, más transcendente y que mantiene en la actualidad, fue el destacado papel en vehiculizar entre las clases populares el proceso españolizante que dirigía su supuesta enemiga de clase, la oligarquía española. Una muestra del ambiente que se vivía la tenemos en las palabras de un oligarca como Ybarra, dirigiéndose a los emigrantes ante una consulta electoral. Decía lo siguiente: "Hay un motivo de comunidad, de entusiasmo, ahora entre todos nosotros, y es que en las presentes elecciones se discute la idea de patria. Y es esta palabra, es esta idea la que nos une a todos, patrones y obreros, y que nos confunde en un mismo amor, porque por encima de todos los intereses, de todos los ideales políticos, de todas las afecciones regionales, de todas las personales simpatías, está el amor supremo a la patria".

De esta forma se configuraba uno de los hechos más aberrantes de los primeros decenios del siglo XX: el enfrentamiento entre trabajadores de origen vasco y no vasco, dando lugar a episodios realmente vergonzosos, que en más de una ocasión se tradujo en muertos de ambos bandos.

Esto que ahora termino no es sino un capítulo de una larga historia. Una historia digna de ser conocida.

El autor es escritor